07 noviembre, 2020

De Ávila a Aznar y García, Francisco

Ávila

Ciudad de España, capital de la provincia de Ávila (Comunidad Autónoma de Castilla y León), situada a orillas del río Adaja, a 1.218 m de altitud, lo que la convierte en la ciudad más alta de España y la más meridional de las capitales de provincia castellano-leonesas. Historia

Patrimonio artístico

El amplio y rico conjunto monumental de la ciudad de Ávila le ha valido ser declarada Patrimonio de la Humanidad desde el año 1985.

Murallas

Las murallas son, sin duda, una de las señas de identidad más emblemáticas de la ciudad, que le confieren un sorprendente aspecto medieval con monumental recinto amurallado. Son las más antiguas y las mejor conservadas de toda España. Su construcción se llevó a cabo por iniciativa de Raimundo de Borgoña, y las obras se prolongaron hasta el siglo XII. Tiene una longitud de unos 2.500 m, altura media en torno a los 12, y espesor de unos 3 m. Su trazado, en forma de trapecio, está fortificado con casi un centenar de torres y cubos coronados por unas 2.500 almenas. En ellas se abren nueve puertas de ingreso a la ciudad, entre las que merecen especial atención: la Puerta de San Vicente y la Puerta del Alcázar, en el sector oriental de la muralla, el más antiguo de todos y en el que sobresale especialmente el magnífico cimborrio, que es el monumental ábside de la catedral, convertido en el baluarte más poderoso del conjunto defensivo; el Arco de Mariscal, la entrada más antigua, y la Puerta del Carmen, ambas en la parte norte de la muralla; la Puerta del Puente o Puerta de San Segundo, flanqueada por dos torres, en el lado occidental; y en la parte meridional, donde la fortaleza pierde altura y robustez, se encuentran el Portillo de la Mala Ventura, la Puerta de Santa Teresa o de Montenegro, y la Puerta del Rastro.

Catedral

  Soberbio templo con aspecto de fortaleza que se encuentra dentro del recinto amurallado. Su construcción comenzó en el siglo XII sobre los restos de una antigua iglesia, en estilo románico con planta basilical de tres naves; más tarde se hizo cargo de las obras el arquitecto Fruchel, quien modificó los planos erigiendo la primera catedral gótica de la Península con el ábside adosado a la muralla. Las obras prosiguieron hasta mediados del siglo XIV, fecha en la que se concluyó la nave lateral en el más puro estilo renacentista. Presenta dos fachadas; la occidental, con dos torres, realizada por Juan Guas en el siglo XV y reformada a finales del siglo XVIII en estilo barroco; y la de los Apóstoles, o fachada norte, hermosa obra del siglo XIII con ornamentación escultórica, reformada por Juan Guas. En el interior, de tres naves, sobrecoge la esbeltez de la nave central iluminada con dos series de ventanales con hermosísimas vidrieras. La bóveda, el crucero y la girola son góticos, mientras que su ábside es románico y figura entre los más bellos ejemplos españoles de este estilo. En el centro de la nave central se encuentra el coro, con delicada sillería realizada en nogal por Cornelio de Holanda en estilo renacentista del siglo XVI. El trascoro cuenta con relieves con escenas de la infancia de Jesús, obra de Juan Rodríguez y Lucas Giraldo, del año 1536. La capilla mayor está presidida por un notable retablo con escenas de la vida de Jesús, obra de Pedro Berruguete, Juan de Borgoña y Santa Cruz. El elemento más destacado de todo el templo es la girola, doble espacio de piedra jaspeada separado por columnas románicas y con capillas en la zona del ábside. En su parte central, detrás del altar mayor, se encuentra el espléndido sepulcro renacentista del obispo Alonso de Madrigal, el Tostado, realizado en alabastro por Vasco de la Zarza en 1518.

De entre todas las capillas merecen especial atención la capilla de San Juan Evangelista, con dos interesantes sepulcros góticos; la de Nuestra Señora de Gracia, en la que se encuentran los dos sepulcros más antiguos de cuantos alberga el templo, de los siglos XII y XIII; y la de San Antolín, con retablo del siglo XVI. La sacristía, también denominada capilla de San Bernabé, está presidida por un excelente retablo de alabastro de mediados del siglo XVI. El claustro, del siglo XVI, es de estilo gótico con remates renacentistas. En el Museo Catedralicio se exponen notables tallas, como la imagen de la Virgen María del siglo XV; interesantes pinturas, como una tabla románica del siglo XII, junto a otras de los siglos XV y XVI; así como valiosas obras de orfebrería, como la majestuosa custodia de Juan de Arfe, el cáliz de San Segundo de Andrea Petruchi, junto a diversas cruces procesionales, vestiduras litúrgicas, y cantorales.

Basílica de San Vicente

La más importante obra románica de la ciudad se encuentra situada extramuros, frente a la parte norte de la muralla. Fue construida a partir de finales del siglo XI en el lugar que, según cuenta la tradición, fueron martirizados los hermanos Vicente, Sabina y Cristeta de Huesca en el siglo IV, y continuada en estilo gótico de los siglos XII y XIII por el arquitecto Fruchel. Presenta dos portadas: el pórtico sur, con esculturas y cornisa superior de gran belleza en la que se representa una alegoría de la lucha entre los Vicios y las Virtudes; y el pórtico principal, que se abre entre dos torres inacabadas en la fachada occidental, en el más puro estilo románico del siglo XIII y con figuras de apóstoles y esculturas de gran minuciosidad y detallismo que recuerdan al Pórtico de la Gloria de la catedral de Santiago de Compostela. En su interior, de tres naves sobre pilastras, triforio con tracerías caladas y bóvedas de tracería ojival, sobresale el sepulcro de San Vicente, hermosa pieza románica del siglo XIII situada bajo un baldaquino gótico-florido y decorado con bellos relieves que representan la vida y martirio del Santo. También interesante es la cripta de la Soterraña, sita bajo la cabecera, con una venerada imagen de la Virgen del mismo nombre.

Iglesias

  Iglesia de San Andrés: emplazada al norte de la de San Vicente. Es una de las más antiguas de la ciudad, construida en el siglo XI, también románica, y en la que destacan especialmente los capiteles historiados del interior de su cabecera, en los que se representan escenas de lucha entre caballeros y animales, junto a motivos vegetales y animales.

Iglesia de San Pedro: en uno de los lados de la plaza de Santa Teresa. Su construcción se inició en el siglo XII en estilo románico, y continuó en el siguiente en estilo gótico. Sus tres ábsides paralelos, sus pórticos y ventanales son románicos, mientras que el amplio rosetón que existe en la fachada principal y sus tres frontispicios ya pertenecen al gótico. Especialmente interesante es su pórtico occidental, considerado como una de las obras maestras de la escultura románica española. En su interior, de tres naves y crucero coronado por un cimborrio, destacan diversos enterramientos góticos y valiosos retablos, entre ellos, el del ábside, obra de Juan de Borgoña, así como cuadros de la escuela de Berruguete y un San Pedro encadenado, pintado por Morales a finales del siglo XVII. En la sacristía se conserva una valiosa colección de vestimentas sacerdotales de los siglos XV y XVI.

Iglesia de San Nicolás: situada al sur de la muralla; es también de estilo románico del siglo XI, aunque muy reformada. Destacan su ábside, sus tres torres, y en su interior, varios retablos del siglo XVI.

Iglesia de Santiago: muy próxima a la anterior. La actual construcción data del siglo XVI, y es de estilo ojival, con añadidos barrocos. Su torre fue levantada en el siglo XIV. La fachada principal es renacentista y en el interior existen dos retablos de los siglos XVI y XVII.

Iglesia de San Juan: en la plaza de la Victoria, frente al ayuntamiento. No se sabe con certeza si sus orígenes son visigóticos; lo que sí se conoce es que es románica, a pesar de las transformaciones que sufrió en los siglos XV y XVI. En su interior conserva la pila bautismal en la que fue bautizada Santa Teresa de Jesús.

Iglesia de San Esteban: también románica y reformada en el siglo XVI. De su fábrica original se conservan el ábside y algunos elementos del interior.

Capilla de Mosén Rubí de Bracamonte: templo tardo-gótico de principios del siglo XVI contiguo a un convento de dominicas y concebido como panteón de su fundador. Tiene bellas vidrieras y en su interior sobresale el sepulcro de María de Herrera y su esposo, Vázquez Dávila.

Real Monasterio de Santo Tomás

Fundación de los Reyes Católicos, construido entre los años 1482 y 1494. El conjunto, de estilo gótico tardío, con detalles mudéjares, está constituido por la iglesia, los claustros, las dependencias conventuales y las antiguas salas palaciegas, convertidas en la actualidad en museo. El templo tiene una sencilla fachada con portada adornada con escudos, esculturas y relieves. Consta de una sola nave con cubierta de bóveda de crucería y capillas laterales. El retablo del altar mayor presenta escenas de la vida de Santo Tomás de Aquino y está considerado como la mejor obra de Pedro de Berruguete. El coro es probablemente de Martín Sánchez y está provisto de una excelente sillería de nogal y elevado sobre un arco carpanel. Cuenta, además, con tres espléndidos sepulcros: el del infante don Juan, único hijo varón de los Reyes Católicos, obra en alabastro realizada en 1515 por el artista florentino Doménico Fancelli; el de Núñez de Arnalte, obra de Vasco de la Zarza; y el de Juan Dávila y su esposa. A la derecha de la iglesia se extiende la zona conventual que se encuentra dispuesta en torno a tres claustros: el claustro de los Novios, con arquerías sobre columnas octogonales de armoniosa sencillez; el del Silencio, ricamente ornamentado con emblemas de los Reyes Católicos; y el de los Reyes, de mayores dimensiones que los otros y con profusa decoración renacentista. En el piso superior de este último claustro se ha instalado un interesante Museo de Arte Oriental que alberga piezas de bronce, porcelanas, marfiles, joyas, y otras, procedentes su mayor parte de China, Japón y Filipinas.

Conventos

Convento de Santa Teresa: construido en el año 1636 en el solar que ocupara la casa natal de la Santa. Posee fachada barroca con un pórtico de tres arcos y frontón triangular proyectada por el arquitecto Juan Gómez de Mora. La iglesia, de tres naves, alberga en su interior sendas obras de Gregorio Fernández y un museo de recuerdos teresianos.

Convento de Nuestra Señora de Gracia: muy cercano al anterior. Aquí fue bautizada Santa Teresa y fue el primero en el que comenzó su vida retirada. Posee un fabuloso retablo del siglo XVI.

Convento de San José o Convento de las Madres: la primera fundación de Santa Teresa, fechada en el año 1562. Su iglesia fue construida en estilo herreriano por Francisco de Mora y presenta una fachada sencilla con un pórtico de tres arcos y una hornacina con la imagen de San José. En el interior destaca el retablo del altar mayor, de Alonso Cano; así como la capilla de los Guillamas, con dos sepulcros, y una estatua orante de don Álvaro de Mendoza. También alberga un Museo Teresiano con múltiples reliquias y recuerdos de la Santa.

Convento de los Gordillas: muy próximo al anterior y en precario estado de conservación. En su interior se encuentra el sepulcro renacentista de su fundadora, doña María Dávila, obra de Vasco de la Zarza.

Antiguo monasterio de Santa Ana: de 1350; posee tres retablos barrocos. Recientemente ha sido restaurado para acoger dependencias de la Junta de Castilla y León.

Convento de San Antonio: fundado a finales del siglo XVI por don Rodrigo de Águila. Su iglesia presenta decoración de azulejos y tiene adosada la capilla de la Virgen de la Portería, magnífica obra barroca del siglo XVIII atribuida a Pedro de Ribera, que guarda espléndidas joyas artísticas.

Convento de la Encarnación: conjunto de edificios renacentistas restaurados en el siglo XVIII. En este convento vivió durante veintinueve años Santa Teresa de Jesús, y en la actualidad se ha instalado aquí el denominado Museo de Santa Teresa. En la clausura se conservan algunos de sus manuscritos junto a un dibujo de San Juan de la Cruz.

Monumentos civiles

La arquitectura civil, por su parte, también ofrece en Ávila sobresalientes ejemplos tales como:

Palacio de los Polentinos: uno de los mejores edificios civiles de la ciudad. Fue construido hacia 1535 y cuenta con una monumental fachada con portada plateresca bajo un elegante matacán y ornamentada con escudos; así como un bello patio renacentista.

Palacio de los Dávila: de los siglos XIII-XV. Está conformado por diversas construcciones que se disponen junto a la Puerta del Rastro. Tiene aspecto de fortaleza y presenta elementos de diferentes estilos entre los que figuran varias ventanas y puertas góticas.

Palacio de los Núñez Vela, actualmente Palacio de Justicia. Sobresale su hermosísimo patio renacentista.

Torreón de los Guzmanes o Palacio de Oñate: es la más bella torre defensiva de toda la ciudad. Data del siglo XIV.

Otros palacios dignos de atención son: la Casa de los Velada, del siglo XVI, con poderosa torre defensiva y escudos flanqueados por leones; el Palacio de los Valderrábano, del siglo XV y en la actualidad acondicionado como hotel; la Casa de los Águila, con fachada renacentista y elegante portada; la Casa de los Verdugos, de finales del siglo XV, con fachada flanqueada por dos torreones y friso con numerosos escudos; el Palacio de Bracamonte, del siglo XVI, con patio interior; la Casa de los Deanes, con fachada renacentista que presenta doble hilera de columnas, decoración de escudos y patio interior de dos galerías con arquerías góticas; la mansión de los Almarza, de estilo tardogótico del siglo XVI; y la mansión de los Superunda, de la misma época pero renacentista, entre otras.

Por último, señalar otros importantes monumentos que completan el rico patrimonio artístico de Ávila: la ermita de San Martín, con elementos románicos del siglo XII y decoración mudéjar; la ermita de la Cabeza, de estilo mudéjar del siglo XVI; el antiguo convento de los Franciscanos, con fachada renacentista; y una innumerable lista de antiguas mansiones nobles y palacios repartidos por todas las calles de la ciudad.

Ávila, Hernando de, pintor e iluminador español (hacia 1538 -1595)

Fue un pintor e iluminador renacentista español, hijo del pintor abulense Lorenzo de Ávila y según Ceán Bermúdez discípulo de Francisco Comontes, trabajó en El Escorial al servicio de Felipe II.

Entre 1560 y 1565 Hernando de Ávila trabajó en compañía de su cuñado Luis de Velasco, con quien entre otras obras realizó el retablo de El Casar de Escalona. El 10 de febrero de 1565 fue nombrado por el cabildo pintor de la catedral de Toledo, para la que ya había trabajado como iluminador, desarrollando hasta 1579 una intensa actividad al servicio de la archidiócesis. Acabó de pintar en la catedral las tablas de un retablo colateral en la capilla de la torre que representan a San Juan Bautista y la Adoración de los Reyes, por las que cobró en 1568 conforme a tasación de Nicolás de Vergara. Como pintor del Arzobispado intervino en 1569 en el retablo de la iglesia de San Martín y en el de la Encarnación en la iglesia de Santo Tomé (1573), ambas en la propia ciudad de Toledo, así como en los retablos de las iglesias parroquiales de otras localidades de la diócesis, como Lillo o Villaluenga, mostrándose en todo momento como un mediano pintor manierista en quien se conjugan influencias de Juan Correa de Vivar con otras de Blas de Prado o las de su ya citado cuñado. Hizo también, según Ceán, el diseño para el retablo mayor de las monjas de Santo Domingo el Antiguo en 1576, por el que se le pagaron 1700 maravedís, trazas que ya habían sido atribuidas por Antonio Palomino al Greco.

En 1573 pasó a Madrid, donde desde 1574 se le encuentra colaborando con Alonso Sánchez Coello, con quien mantuvo una estrecha amistad,1 en obras como el retablo de la desaparecida iglesia del convento de la Victoria y el de Colmenar Viejo, contratado ya en 1566 pero cuyas obras no dieron comienzo hasta 1574. En agosto de 1584 se incorporó al grupo de iluminadores que trabajaban en El Escorial, ostentando el título de «Pintor de Su Majestad» que pasó a su hijo Alonso de Ávila, mal conocido pintor. No perdió el contacto con Toledo, a donde regresó en enero de 1586 para tasar con Miguel Barroso el cuadro de Nuestra Señora, San Antonio y San Blas del claustro de la catedral de Toledo, pintado por Luis de Velasco.

En 1591 presentó un proyecto para el dorado y pintura de la Sala de los Reyes y el Cuarto del Cierzo del Alcázar de Segovia. Entre 1593 y 1594 se realizaron las labores escultóricas, completándose la serie de los reyes en relieve iniciada por Alfonso X el Sabio y continuada por Enrique IV de Castilla, de cuya policromía se encargó Hernando de Ávila con sus oficiales, y debió de ser entonces también cuando Felipe II le encargase el Libro de retratos, letreros e insignias reales de los reyes de Oviedo, León y Castilla, posiblemente su último trabajo y único testimonio restante de la decoración del salón, destruido en 1860 por el derrumbre de su techumbre. Conservado en el Museo del Prado, consta de 77 folios en papel verjurado con retratos de los reyes de Oviedo, León y Castilla, escudos de armas, letreros y un árbol geneálogico. Muerto Hernando de Ávila en Madrid en marzo de 1595 y enterrado en la parroquia de San Sebastián, su viuda cobró en abril de 1596 quinientos ducados por este libro «iluminado de colores» y otro, perdido, de sólo dibujos del mismo asunto.

Escribió también un perdido Libro del arte de la pintura del que dio noticia su coetáneo Diego de Villalta en su tratado De las estatuas antiguas (1590), asegurando que en él había recopilado noticias y obras de los más prestigiosos pintores de la época.

Avila, Maestro de, pintor español (activo en Ávila en la segunda mitad del siglo XV)

Perteneció al estilo hispano-flamenco castellano. Elías Tormo propuso que se le identificara con el pintor García del Barco, documentado en Ávila (1465-1476), pero, al no haberse conservado ninguna obra documentada ni firmada que permita proceder a su asimilación, debe mantenerse el nombre convencional de Maestro de Ávila. El punto de partida para la reconstrucción de su figura es el tríptico del Nacimiento de Cristo (Museo Lázaro Galdiano, Madrid), procedente de un convento de aquella ciudad. A partir de él se le han hecho otras atribuciones entre las que destacan las tablas restos de un retablo del Barco de Ávila, el Abrazo de san Joaquín y santa Ana ante la puerta dorada de San Vicente de Ávila. En las pinturas que se adscriben a este maestro se comprueba su preferencia por dotar a sus figuras de amplias facciones en las que se marca la estructura ósea como en las obras de Jorge Inglés, así como por traducir con gran fuerza escultórica los plegados de las telas entre los que dominan triángulos y rectángulos. La tabla del Calvario del Museo se ha atribuido a este pintor.

Avingaya, Monasterio de

Conjunto arquitectónico, perteneciente a la villa de Seròs (Lleida), de la que dista 2,5 km, famoso por haberse levantado en él, por expreso deseo del fundador de la Orden de la Muy Santa Trinidad, San Juan de Mata (1160 – 1213), el primer monasterio de trinitarios de España.

Su fundación

  Se ignoran las razones que impulsaron a San Juan de Mata -de ascendencia catalana, si bien nacido en Francia- a fundar una Orden religiosa dedicada exclusivamente a propagar el misterio de la Santísima Trinidad y a la redención de cristianos cautivos en tierras musulmanas. Tras su estancia en París y en otros puntos de Europa, San Juan de Mata llegó a Lérida, zona que escogió para impulsar, en su deseo universalista, sus actividades caritativas y religiosas. El rey Pedro II el Católico lo autorizó para iniciar tales actividades en dicho lugar. Por otra parte, el caballero del Condado de Urgel, de la noble casa de los Montcada, Pere de Bellvís, hizo donación en 1201 de parte de sus tierras de Seròs (entre ellas, el lugar de Avinganya) y también de Aitona para que edificase allí un primer convento trinitario. Debe indicarse que Avinganya fue numéricamente el cuarto convento de la Orden trinitaria en antigüedad, detrás de los de Cerfroid, Roma y Arlés. Después del monasterio de Avinganya, se fundaron otros conventos en España: en Toledo (1206), Segovia (1207), Burgos (121) y en otras ciudades, según recoge la Bula del papa Inocencio III del año 1209.

El nombre de Avinganya -o Vinganya y también Benganya, según la documentación- proviene del recuerdo que había quedado de la estancia en tal lugar del caudillo almorávide Yahya Ibn Ganya, descendiente de una princesa sanhayya, de la tribu Masufa, personaje que murió en Granada en 1148. El citado Ibn Ganya había derrotado en 1134 a Alfonso I el Batallador en las cercanías de Fraga (Huesca), por lo que pasaron a su poder distintos terrenos de los actuales municipios de Seròs, Fraga y Aitona.

De acuerdo con la Regla de la Orden, la nueva casa trinitaria se llamó al comienzo Convento de la Santa Trinidad si bien, andando el tiempo, se cambiaría por el de Monasterio de la Bienaventurada María de Avinganya, para terminar llamándose Nuestra Señora de los Ángeles, ya en época de la exclaustración decretada por Mendizábal en 1835.

La iglesia del convento, que se inició bajo los presupuestos del gótico de transición, fue consagrada por el obispo de Lérida Gombau de Camporrells el 25 de noviembre de 1202; las actividades monásticas comenzaron de inmediato. Una Bula de Inocencio III ponía al convento bajo la directa protección papal. Las donaciones de bienes de particulares y lo recaudado por los monjes se destinaron a la redención de cautivos, según se sabe por la documentación llegada. Sin embargo, por razones que se ignoran, el convento quedó inmerso en problemas económicos; sus deudas ascendieron a 700 masmudines de oro y 200 sueldos jaqueses, de los que se pudo salir gracias a la cesión que del convento hizo el 3 de abril de 1236 el ministro general trinitario Fra Nicolás VI, a doña Constanza, hermana de Jaime I el Conquistador. Como contrapartida del pago de las deudas, la infanta pudo crear en Avinganya una comunidad de monjas trinitarias y quedó invitada a tomar los hábitos de la Orden, si así lo deseaba.

La citada doña Constanza, sin embargo, contrajo matrimonio con Guillem Ramón de Montcada, personaje que había recibido en herencia la senescalía de Cataluña y los castillos y villas de Seròs, Aitona y Soses. Del matrimonio nacieron tres hijos, Pere, Guillem y Ramón. Una vez viuda, aceptó ser nombrada Priora de la comunidad de monjas de Avinganya, pero la muerte le impidió tomar los hábitos. La primera priora del convento fue, según la documentación, sor Guillelma de Vilalta, hermana de Ramón Guillem de Montcada y cuñada de doña Constanza.

Los años que siguieron se caracterizaron por la prosperidad material; el monasterio recibió diferentes beneficios (exenciones) y donaciones, entre ellas la villa de Velilla de Cinca. Dignos de reseñarse son los privilegios otorgados por Jaime II de Aragón al monasterio: impuestos de Velilla y de Daimus (Huesca) y posesión plena de Velilla de Cinca. Muy importantes fueron los beneficios recibidos de Alfonso IV de Aragón. Significativos fueron los impulsos adquiridos por Avinganya a principios del siglo XIV, gracias a Berenguera de Montcada, que disfrutaba del señorío de Seròs, y a la priora Sibila de Montcada. La primera concedió una fuerte suma (300.000 sueldos jaqueses) para las necesidades del convento y la segunda hubo de pleitear a fin de que la rama leridana de los Montcada controlase Avinganya. En 1462, en el Capítulo de Játiva, se ordenó que las monjas de Avinganya hiciesen vida comunitaria guardando la clausura, previendo lo que más tarde ordenaría el Concilio de Trento en tal materia. Durante todos aquellos años Avinganya contribuyó económicamente en la redención de cautivos de tierras musulmanas, actividad en la que también participaba la Orden de los mercedarios, quienes acabaron por monopolizar tal actividad caritativa. Por otro lado, el paso del tiempo hizo mella en la arquitectura del convento y se sabe que desde 1480 las monjas que quisieran ingresar en Avinganya debían aportar una dote de 50 libras barcelonesas destinadas a la restauración del mismo. La peste, declarada en el área leridana a finales del siglo XV y comienzos del XVI, motivó casi la desaparición del monasterio; según la documentación existente, en 1526 tan sólo lo habitaban dos monjas. 

Entre 1520 y 1835, la historia de Avinganya se caracterizó por una continua decadencia, con algunos momentos de parcial recuperación. Ante el estado de abandono de los edificios y la falta de monjas, a causa de la peste, la Orden trinitaria comisionó a Fra Pere de la Seca, ministro de un convento en Valencia, para que, tras los informes pertinentes, acudiese al papa, entonces Clemente VII, y le solicitara la revitalización del monasterio. El 9 de junio de 1529 el citado papa, mediante un Breve, ordenó que continuasen las actividades religiosas en Avinganya. Tras varios intentos para elegir ministro de Avinganya, finalmente lo fue Fra Pere d'Aguedany, al cual le seguiría Fra Joan Escapolat i Prades. Este trinitario mantuvo su ministerio durante 29 años y a él se deben la restauración del edificio conventual, la mejora de las propiedades agrícolas anejas y un sustancioso aumento de los ingresos.

En el año 1565, gracias a Francesc de Montcada, segundo Conde de Aitona, el Nuncio apostólico, cardenal Civello, concedió siete años de indulgencias y otras tantas cuarentenas a todos los que visitaran la iglesia de Avinganya durante las fiestas de la Santísima Trinidad y de la Anunciación.

En 1567, el monasterio fue escogido como futura sede para el Capítulo provincial trinitario, que habría de celebrarse en 1571, pero por razones desconocidas acabó celebrándose en Royuela. En 1603 fue nombrado ministro de Avinganya Fra Agustí Sagrera, de fuerte personalidad mística, que supo dar un gran impulso a las actividades benéficas tanto en Avinganya, como fuera de ella. Nuevo auge tomó el monasterio gracias a Fra Jeroni de Molinos, predicador general de la Orden y ministro de Avinganya, al lograr que fuese escogido en 1606 como convento destinado a casa-noviciado trinitario.

Durante los primeros años del siglo XVII y por razón de las luchas civiles entre Cataluña y Castilla (Guerra de los Segadores) la zona de Seròs quedó despoblada; sus habitantes -entre ellos los monjes- buscaron refugio en la cercana Fraga. Solventadas aquellas luchas, los trinitarios se encargaron también de la iglesia parroquial de Seròs, entre los años 1652 y 1654, según un cuaderno manuscrito religado a un Llibre de Registres, existente en el Archivo parroquial de Seròs. Se poseen pocas noticias para el período siguiente, de siglo y medio de duración, si bien se conocen los nombres de algunos de sus ministros. Durante la Guerra napoleónica el monasterio de Avinganya sufrió un importante incendio, de resultas del cual numerosos objetos artísticos y de culto se destruyeron. Finalmente, y como consecuencia de la orden de supresión de monasterios y colegiatas (25 de julio de 1835), el monasterio sufrió una exclaustración total y quedó abandonado.

  Aun cuando en 1879 se restauró la Orden Trinitaria en España, el monasterio de Avinganya no fue ocupado; pasó a ser utilizado como inmueble destinado a aperos de labranza y a almacén de leña, así como a convertirse en pedrera de la cual se extraían bloques utilizados en la construcción de massos y acequias de los alrededores del lugar.

En 1950 la Diputación Provincial de Lleida sacó a subasta el monasterio pero, al no hallar comprador, se cedió en precario a algunos agricultores serosenses. Finalmente, en 1976, se iniciaron los trámites para declarar al conjunto conventual como Monumento histórico-artístico. En la década de los años 80 y 90 del siglo XX se procedió a la restauración de la iglesia y del claustro; el conjunto monumental quedó destinado a sede de actividades culturales, auspiciadas y tuteladas por el Institut d'Estudis Ilerdencs.

El conjunto monástico

Gracias a medidas urgentes de recuperación, una parte, aunque mínima, de lo que significó Avinganya desde el punto de vista arquitectónico y artístico, ha podido salvarse. En el conjunto de sus elementos sobresalen el templo, la torre-campanario y el claustro.

El templo

Consagrado el 25 de noviembre de 1202, fue resultado de la suma de un gótico temprano y del barroco. En el templo destaca su puerta principal, de líneas barrocas, y de la que faltan importantes elementos (entre ellos dos columnas de estilo plateresco) y sus dos naves, una gótica (22 m por 6,80 m) con ábside poligonal, diferentes capillas y hermosas claves esculturadas en sus bóvedas de crucería. En el templo recibía culto una famosa imagen (Sant Crist de'Avinganya). Numerosos monumentos funerarios y laudas sepulcrales (hoy se conservan diferentes ejemplares in situ) se distribuían por toda la iglesia. En el siglo XVII se añadió una nueva nave, perpendicular a la gótica, a fin de ampliar el templo, nave ésta sin interés artístico. En los muros exteriores y en el enlosado del interior una abundante epigrafía de carácter funerario recuerda el paso de sus monjes y monjas. En el lado derecho exterior de la puerta principal se halla la inscripción con la donación a perpetuidad de la casa a San Juan de Mata.

La torre-campanario

Edificada en el siglo XVII, se levanta a la derecha del presbiterio de la nave moderna y es de sencilla estructura cuadrangular, dividida en dos pisos. Termina con terraza realzada con una balaustrada de piedra, ornamentada con bolas en sus ángulos.


El claustro

En el sector Suroeste y adosado a la nave moderna, se edificó, también en el siglo XVII, un grandioso claustro de gusto renacentista, de planta cuadrada (21 por 21 m), con columnas de orden toscano. Este sector quedó prácticamente derruido, pero una buena restauración le ha devuelto parte de su esplendor de antaño. Junto al mismo se situaron las celdas de los religiosos.

Avogadro, Pedro, pintor italiano (que vivió en Brescia a principios del s. XVIII)

Tuvo por maestro a Pompeyo Ghite de Brescia y tomó por modelos a los primeros maestros de Bolonia. Su obra más celebrada es el Martirio de San Crispín, que se encuentra en la iglesia de San José de Brescia.

Avril, Juan Jacobo, grabador francés (1744 – 1832)

Miembro de la Academia de Pintura. Se conocen un gran número de obras suyas de gran mérito, como son: Los Horacios y Curiácios; Penélope y Ulises; Coriolano y Veturia; Licurgo; Virginia y Julia, grabados por modelos de Lebarbier; Santa Genoveva, de Vanloo; El paso del Rhin, de Verghem; La familia de Darío y la muerte de Meleagro, de Lebrun; La resurrección de Lázaro, de Le Sueur, etc.

Axman, José, grabador austríaco (Brunn, 1793-?)

Ilustró varias obras, especialmente las de Schiller y Stolberg y dejó algunos grabados notables, como son: Venus y Adonis, de Carracci; La catarata, de Hackert; La tempestad, de Hautherburg; La luna, de Neer,etc.

Ayacucho

Departamento de Perú, situado en el centro sur del país. Su capital es la ciudad homónima (Ayacucho).

Patrimonio artístico y cultural

El departamento de Ayacucho cuenta con la Universidad Nacional de San Cristóbal (antes de Huamanga) con sede en Ayacucho, fundada por iniciativa del obispo Cristóbal de Castilla y Zamora el 3 de julio de 1677. 

En el patrimonio arqueológico de Ayacucho destacan los siguientes lugares:

La cueva de Piquimachay (con vestigios humanos de 20.000-15.000 años a.C.): ubicada a 20 km al norte de la ciudad de Ayacucho.

Vilcashuamán ("Huillca Huamán", en quechua): imponentes construcciones preincaicas e incaicas, localizadas a 110 km al sur de la capital departamental, en la provincia de Cangallo. Construcción que recuerda las de Ollantaytambo o Sacsayhuamán en Cuzco. Según algunos, se trataría del más notable testimonio del poder de los chancas y de uno de los más hermosos monumentos de la civilización incaica.

Huari o Wari: complejo arqueológico preinca ubicado a 24 km al nordeste de la ciudad de Ayacucho. Fue la primera capital del primer imperio andino. Tiene una extensión de 2.000 hectáreas, con calles, plazas, reservorios, canales y estructuras arquitectónicas de impresionantes dimensiones.

Intihuatana: complejo arqueológico ubicado a 25 km de Vilcashuamán. Consta de un palacio, torreón, Baño del Inca (donde se encuentra una piedra de diecisiete ángulos) y una laguna artificial frente al conjunto arquitectónico.

Artesanía

La riqueza y calidad de la artesanía de Ayacucho, en sus diversas manifestaciones, han hecho que sea considerada como «Capital del Arte Popular y de la Artesanía del Perú».8 En la artesanía ayacuchana se conjugan técnicas y tradiciones precolombinas con aportes hispanos y la permanente creatividad de los pobladores de la región. Sus expresiones más conocidas son los retablos, las tallas en piedra de Huamanga y los trabajos en platería y filigrana.

Retablos

Los Retablos ayacuchanos descendientes directos de los españoles cajones de San Marcos ó de San Antonio, representan en su interior escenas de profundo contenido andino. Son una tradicional muestra de la maravillosa capacidad creadora y artística de los artesanos de esta tierra.

Esta pieza artesanal consiste en una vistosa y colorida caja de madera con doble puerta. Sus paredes están decoradas con flores de distinta naturaleza y presenta horizontalmente una división interior: el Hanan Pacha o mundo celestial y el Kay Pacha o mundo terrenal.

Desde la época de la colonia hasta las últimas décadas, el retablo ayacuchano ha seguido evolucionando. Los niveles de representación son ahora cuatro o seis; los soportes son de metal o de vidrio; los personajes principales suelen ser caudillos históricos y políticos de moda.

Piedra de Huamanga

La piedra de Huamanga es el alabastro, un mineral de color blanco y a veces, con tonalidades que van del gris o plomo al sepia. Se trata de un sedimento de origen volcánico y se caracteriza por su fácil maleabilidad, su color blanquecino y su exclusividad.

Los escultores huamanguinos, en tiempos de la colonia, tallaron cuadros en relieve, delicadas figuras y grupos religiosos policromados al óleo. Las representaciones más frecuentes fueron las vírgenes, santos, nacimientos y el descendimiento de Cristo.

Hacia fines del siglo XVIII aparecieron los temas galantes y los leones chinescos; las figuras se coloreaban de manera transparente. Poco a poco el color fue desapareciendo limitándose sólo a los cabellos y a los rasgos del rostro, usándose el dorado para los detalles. La superficie blanca y pulida de la piedra fue adquiriendo cada vez mayor importancia en el siglo XIX, época en la que las representaciones alegóricas y profanas destacaron sobre las religiosas. Hoy los artífices populares han dado mayor atención a los personajes y temas rurales, y a los grupos escultóricos en los que prevalece la blancura del material.

Orfebrería

Desde el virreinato, los orfebres ayacuchanos alcanzaron gran fama por el notable trabajo que realizaban, esta fama se conserva pues la plata sigue siendo trabajada con magistrales técnicas para el repujado, el burilado y la filigrana, ésta consiste en entrelazar hilos de plata y se emplea para confeccionar prendedores y aretes, entre otras joyas.

Museos

Museo Arqueológico "Hipólito Unanue": El ilustre ayacuchano, Don Andrés A. Cáceres, Gran Mariscal del Perú, Patrono del Arma de Infantería, ex Presidente del Perú y Héroe Peruano. Se encuentra en el Complejo Cultural "Simón Bolívar" y está organizado en base a las valiosas piezas que tenía el antiguo "Museo Histórico Regional de Ayacucho". Actualmente es de tipo arqueológico y antropológico. Se exhiben muestras arqueológicas y manifestaciones culturales de la historia prehispánica regional y nacional, como los famosos monolitos, esculturas, cerámicas, tejidos, instrumentos de piedra, que van desde el periodo lítico y arcaico, hasta las altas culturas como Wari, Chavín, Paracas, Nazca, Mochica, Tiahuanaco, Warpa, Lima, Chimú, Chincha, Chanka-Pokra e Inca. Además, tiene una sala que está diseñada especialmente para exponer los orígenes y desarrollo de la cultura Wari, el primer imperio andino. En otro ambiente del Instituto Nacional de Cultura (INC), también se exponen muestras de artesanía ayacuchana y pinturas de diferentes épocas. En sus exteriores cuenta con un jardín botánico de cactáceas.

Museo Histórico "Mariscal Andrés A. Cáceres": Se encuentra en el Jr. 28 de Julio N° 508, en la antigua casona "Vivanco", que fue edificada a fines del siglo XVII, siendo administrado actualmente por el Ejército. Este museo tiene un gran patio rodeado de corredores con arcos y pilares de piedras bien talladas. Tiene 13 salas de exposiciones permanentes que exhiben muchas de las pertenencias y pertrechos bélicos del Mariscal como: cartas, fotografías, trajes, lienzos coloniales, así como piezas y objetos rescatados de la Guerra con Chile. Además de rendirle homenaje al Mariscal Cáceres, muestra piezas de arte únicas, como pinturas coloniales de la escuela ayacuchana, cusqueña y renacimiento. También se puede apreciar muestras de artesanías de la etapa colonial, muebles antiguos con bellos tallados y arte popular contemporáneo. En su galería de doble arquería se exhibe una de las mejores esculturas de piedra del virreinato peruano, llamada por la tradición popular como "Cheqo Pacheco", que data del siglo XVI y se supone que representa al conquistador Pedro Álvarez Holguín o al corregidor Juan Gutiérrez de Quintanilla.

Ayala, Bernabé de, pintor español (hacia 1600 – 1678)

Fue discípulo de Francisco de Zurbarán, se le han atribuido obras de cierta calidad cercanas a la producción del maestro extremeño, entre ellas los lienzos de los arcángeles de la Capilla de San Miguel de la Catedral de Jaén y series semejantes de Ángeles y Sibilas en colecciones particulares sevillanas, o el Cristo coronando a San José del Museo de Bellas Artes de Sevilla, restituido en la actualidad a Zurbarán, no obstante la muy discreta calidad de su única obra firmada, la Virgen de los Reyes del Museo de Lima (1662). En 2006 se incorporaron al Museo de Bellas Artes de Sevilla dos lienzos de carácter zurbaranesco, Santa Lucía y San Roque, relacionados con otras series de santos y santas de cuerpo entero en iglesias sevillanas también atribuidas a Ayala.

Fue uno de los fundadores de la academia de dibujo de Sevilla, creada en 1660 por Murillo y Francisco de Herrera el Mozo, y permaneció en ella hasta 1671.

Ayala, Francisco de, escultor español (que vivió en Murcia en el s. XVI)

Estudió en Toledo con Pedro Martínez de Castañeda. Vuelto a Murcia, fue allí muy estimado por todos, realizando la mayoría de las obras de aquel reino. Ejecutó en unión con un hermano suyo, llamado Diego, el retablo mayor de la parroquia de la villa de Jumilla: consta de 3 órdenes arquitectónicos, dórico, corintio y compuesto. Son admirables los 2 grandes relieves, que representan la Asunción y Santiago, ejecutados por Francisco, y los 2 pequeños del tabernáculo. No lo son menos los de los lados que trabajó su hermano Diego. Y así en ellos, como en las estatuas hay nobles caracteres, actitudes simples y buenos paños.

Francisco pasó después al reino de Valencia y terminó el retablo mayor de la parroquia de la villa de Andilla, dejado inconcluso tras la muerte del escultor Josef González.

Ayanz y Beaumont, Gerónimo de, pintor, militar, cosmógrafo, músico e inventor español (que vivió en Madrid hacia 1620)

Fue conocido por su ingenio e instrucción como por su inteligencia y práctica en la pintura. Jerónimo de Ayanz y Beaumont fue un militar español. Hombre polifacético, destacó como militar, pintor, cosmógrafo y músico, pero, sobre todo, como inventor. Fue el precursor del uso y diseño de máquinas de vapor, mejoró la instrumentación científica, desarrolló molinos de viento y nuevos tipos de hornos para operaciones metalúrgicas, industriales, militares e incluso domésticas. Inventó una campana para bucear e incluso llegó a diseñar un submarino. Pero su obra más destacada fue haber inventado la máquina de vapor, ya que registró en 1606 la primera patente de una máquina de vapor moderna.

Hijo de Carlos de Ayanz y de Catalina de Beaumont,pero fue adoptado, fue el segundo de los hermanos varones, siendo el primogénito don Francés de Ayanz, nacido un año antes. La crianza de Jerónimo y sus hermanos estuvo a cargo de su madre, doña Catalina de Beaumont y Navarra, que inculcó a sus hijos los principios de una educación propia de su rango. Pasó la infancia en el Señorío de Guenduláin hasta que en 1567 fue a servir al rey Felipe II como paje.

Don Carlos de Ayanz intervino en las campañas de Francia, participando en la batalla de San Quintín en 1557. Combatió, además, en Túnez, Flandes, Portugal, las Azores, La Coruña. Así mismo, desmanteló una conjura francesa para asesinar en Lisboa a Felipe II.

Gerónimo de Ayanz se hizo famoso en su época por su fuerza y por las hazañas que realizó en Flandes. Lope de Vega refleja la vida aventurera de Ayanz en la comedia titulada "Lo que pasa en una tarde". El 7 de mayo de 1582 había recibido la encomienda de Ballesteros y años después, el 30 de enero de 1595 recibiría la encomienda de Abanilla.

En 1587 fue nombrado Administrador General de Minas del Reino, es decir, gerente de las 550 minas que había entonces en España y de las que se explotaban en América. Fue capaz de resolver algunos de los graves problemas de la minería de entonces. Es necesario señalar que consiguió realizar este conjunto de invenciones desde 1598 hasta principios de 1602.

Las minas de la época tenían dos problemas serios: la contaminación del aire en su interior y la acumulación de agua en las galerías. Inicialmente, Ayanz inventó un sistema de desagüe mediante un sifón con intercambiador, haciendo que el agua contaminada de la parte superior procedente del lavado del mineral, proporcionara suficiente energía para elevar el agua acumulada en las galerías. Este invento supone la primera aplicación práctica del principio de la presión atmosférica, principio que no iba a ser determinado científicamente hasta medio siglo después. Y si este hallazgo es realmente prodigioso, lo que eleva a Ayanz al rango de talento universal es el empleo de la fuerza del vapor.

La fuerza del vapor de agua era conocida desde hacía muchísimo tiempo. El primero en utilizarla fue Herón de Alejandría, en el siglo I. Mucho después, en el siglo XII, consta que en la catedral de Reims había un órgano que funcionaba con vapor. Los trabajos sobre la materia prosiguieron tanto en España como en Francia e Inglaterra. Lo que se le ocurrió a Ayanz fue emplear la fuerza del vapor para propulsar un fluido (el agua acumulada en las minas) por una tubería, sacándola al exterior en flujo continuo. En términos científicos: aplicar el primer principio de la termodinámica –definido dos siglos después- a un sistema abierto.

Además, aplicó ese mismo efecto para enfriar aire por intercambio con nieve y dirigirlo al interior de las minas, refrigerando el ambiente. Ayanz había inventado el aire acondicionado. Y no fue sólo teoría: puso en práctica estos inventos en la mina de plata de Guadalcanal, en Sevilla, desahuciada precisamente por las inundaciones cuando él se hizo cargo de su explotación.

Ayanz inventó muchas cosas: una bomba para desaguar barcos, un precedente del submarino, una brújula que establecía la declinación magnética, un horno para destilar agua marina a bordo de los barcos, balanzas “que pesaban la pierna de una mosca”, piedras de forma cónica para moler, molinos de rodillos metálicos (se generalizarían en el siglo XIX), bombas para el riego, la estructura de arco para las presas de los embalses, un mecanismo de transformación del movimiento que permite medir el denominado “par motor” es decir, la eficiencia técnica, algo que sólo siglo y pico después iba a volver a abordarse. Hasta 48 inventos le reconocía en 1606 el “privilegio de invención” (como se llamaba entonces a las patentes) firmado por Felipe III. Uno de los inventos más llamativos fue el de un traje de buceo. La primera inmersión de un buzo documentada ocurrió en el río Pisuerga, en Valladolid, y el propio Felipe III asistió al acontecimiento desde su galera, junto con miembros de la corte.

Desde 1608 se había dedicado a la explotación privada de un yacimiento de oro cerca de El Escorial y a la recuperación de las minas de Guadalcanal, las mismas donde había aplicado por primera vez en el mundo una máquina de vapor. Pero enfermó gravemente. El 23 de marzo de 1613 moría en Madrid. Sus restos se trasladaron a Murcia, la ciudad que había gobernado, primero al Convento de San Antonio de Padua, y despúes a la Catedral.

Ayear, Pedro Jiménez (que vivía en Catalayud por el año 1682)

Existían en la capilla de la iglesia colegiata de esta ciudad tres cuadros suyos, pintados con buen gusto, corrección de dibujo y arreglada composición, y representan una Sacra familia, una Epifanía y la Natividad del Salvador.

Ayers, Richard, dibujante de historietas estadounidense (Ossining, New York, 1924 – 2014)

Contratado por los editores de la historieta Phantom Falcon, comienza su vida profesional dibujando esta serie a partir de 1940. Siete años después recibe una oferta de la compañía M.E. Comics, para la cual colabora en el cómic Funnyman. A partir de los años cincuenta, se introduce en el mundo de los superhéroes, con historietas muy populares, como El motorista fantasma. Se trata de productos destinados a un público juvenil, que, no obstante, permiten el lucimiento del artista, que puede experimentar con nuevos recursos expresivos.

El estilo de dibujo de Ayers, muy dinámico y realista, se adapta muy bien a la línea de trabajo de la compañía Marvel Comics, que cuenta con él para dibujar y escribir los guiones de distintas colecciones. Entre los comics más conocidos en los que colabora Ayers figuran La Masa, Capitán América, Sargento Furia y La Antorcha Humana.

Ayodhya

Ciudad del Norte de la India, a orillas del río Ghaghra (o Gogra), en el estado de Uttar Pradesh. Es un importante centro histórico de varias confesiones religiosas, especialmente desde hace doscientos años, en los que ha crecido su importancia como lugar de peregrinación para los hinduistas que adoran a Rama, ya que se supone que nació en esta ciudad.

Historia

Ciudad milenaria, Ayodhya se considera uno de los siete lugares sagrados de los hindúes, devotos de Vishnu, venerada por tal motivo en el gran poema épico hindú del Ramayana, con el nacimiento de Rama y con el gobierno de su padre Dasharatha. De acuerdo con estas creencias, la ciudad fue próspera y tuvo una gran población. Ya en el año 600 a.C. era un importante núcleo comercial; fue, además, capital durante algún tiempo del poderoso Reino de Kosala, mientras que, en los tiempos de Buda (entre los s. VI y V a.C.), Shavasti llegó a ser la ciudad que ostentaba la capitalidad del reino.

Los estudios escolásticos hindúes y muchos historiadores aseguran que Ayodhya es idéntica a la ciudad de Saketa, donde se dice que Buda vivió durante algún tiempo. En cualquier caso fue un importante centro budista hasta el sigo V d.C., como demuestran la gran cantidad de preeminentes monasterios que contabilizó el monje Fa Xian en esta época. 

Su posterior importancia como un centro budista se debe al establecimiento de este monje chino en el siglo V d.C., hecho que supuso la creación de más de 100 monasterios. Existieron también un cierto número de monumentos, entre los que se incluían una stupa supuestamente fundada por Ashoka en el siglo III a.C. Ayodhya también fue un centro importante para el jainismo en los primeros siglos de la era cristiana. 

En el s. VII d.C. existían en la ciudad templos hinduistas, como nos cuenta Hsun-Tsang, un gran cronista chino de la India. El desarrollo del Rama bhakti (la devoción a Rama como un avatar de Vishnu) parece que se inició a partir del año 1100 d.C., difundido por místicos como Ramananda. El Reino de Kanauj se estableció en Ayodhya (llamada entonces Oudh) durante los s. XII y XIII. La región fue más tarde incluida en el sultanato de Delhi, en el reino de Jaunpur, y en el s. XVI en el Imperio mogol. Oudh alcanzó cierto estado de independencia antes del s. XVIII, pero fue subordinada con posterioridad a la Compañía de las Indias Occidentales. 

Ya en 1856 fue anexionada por el Imperio británico, en la ola de anexiones que siguió al nombramiento de James Dalhousie como gobernador general de la británica Compañía de las Indias Occidentales. El resentimiento que se creó en la ciudad ante dicha anexión y la consecuente pérdida de derechos por los herederos de la tierra fueron algunas de las causas de la rebelión de los Cipayos en 1857. Oudh, junto con Agra en 1877, pasó a formar parte de las Provincias del Noroeste, más tarde llamadas Provincias Unidas de Agra y Oudh, lo que hoy día es el estado de Uttar Pradesh.

Patrimonio artístico

A pesar de la antigüedad de la ciudad, hay muy pocos monumentos que hayan sobrevivido al paso del tiempo. La mezquita de Babur fue mandada construir a principios del s. XVI por el emperador mogol Babur en un lugar que tradicionalmente se ha considerado como uno de los del nacimiento de Rama y, asimismo, el de la localización de un antiguo templo hindú, el Ram Janmabhumi. Éste se encuentra al sur del santuario conocido como Janam Sthana, “cuna de Rama”.

Debido a la importancia que tenía, tanto para hindúes como para musulmanes, el lugar fue a menudo un motivo de disputa para ambos. Esta disputa desembocó recientemente en una concentración de militantes hinduistas que reclamaban la liberación de lo que ellos consideran como el Ram Janmabhumi ('lugar de nacimiento de Rama'). En 1990 asaltaron el Babri Masjid, y exigieron su sustitución por un templo consagrado a Rama. El 6 de diciembre de 1992, la mezquita, un edificio de tres naves erigido en 1528, fue totalmente destruida por los extremistas, que habían conseguido un considerable apoyo popular. La violencia entre las dos comunidades se extendió por toda la India, con un saldo de más de mil personas asesinadas.

Los numerosos altares Vaisnava no son muy antiguos. Cerca de la moderna ciudad hay varios montículos que marcan el lugar donde se encontraba la antigua Ayodhya que aún no ha sido convenientemente explorada por los arqueólogos. 

Sobresalen también el Templo de Kanak Bhavan, emplazado en el centro del núcleo urbano y consagrado a Rama y a su consorte, Sita; el Templo de Hanuman Gadhi (la “fortaleza de Hanuman”), al que se llega tras una impresionante sucesión de escalones y, finalmente, el Ghat Lakshamana, localizado al Nortede la ciudad, a orillas del río.

Azaila

Municipio de la provincia de Teruel, perteneciente al partido judicial de Hijar, a orillas del río Aguas. En él se encuentra una gran ciudad ibérica, en el cerro de Alcalá, que fue excava por J. Cabré y, más reciente, por A. Beltrán, quien estudia, asimismo, sus interesantes necrópolis. El conjunto excavado es de gran magnificencia, pues el recinto comprende murallas, calles pavimentadas, templos y numerosas habitaciones que han proporcionado, sobre todo, una cerámica de especial estilo y gran interés. Notables son los 2 bustos de bronce, masculino y femenino, que se supusieron retratos de Augusto y de Libia, lo que no parece probable, ya que la ciudad debió de abandonarse en algunas de las luchas desarrolladas con anterioridad a la época augustea.

Azcárate y Ristori, José María de, profesor universitario, investigador, académico y conservador de museo español (Vigo, Pontevedra, 1919 – Madrid, 2001)

Fue conservador del Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Después de estudiar el Bachillerato en Cádiz, ingresó en la Facultad de Filosofía y Letras de Sevilla y seguidamente cursó esta carrera en la Universidad de Madrid, donde se doctoró con Premio Extraordinario en 1948. En 1949 obtuvo por oposición la cátedra de Historia del Arte en la Universidad de Santiago de Compostela, donde impartió clases hasta 1956. Ese año se trasladó a la Universidad de Valladolid, de cuya facultad de Filosofía y Letras fue vicedecano. Años después, en 1963, tras una nueva oposición, ganó la cátedra de Historia del Arte de la Facultad de Filosofía y Letras, en la Complutense de Madrid. Posteriormente, desde 1973, ocupó la cátedra de Historia del Arte Medieval. Fue decano de dicha facultad de 1967 a 1970, y vicerrector de la universidad Complutense de Madrid de julio de 1970 a septiembre de 1972, fecha en que presentó su dimisión, en desacuerdo con la reforma universitaria. Volvió a ser decano de la Facultad de Filosofía y Letras desde 1981 hasta su jubilación en 1986.

Además de académico de número de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en 1974 se convirtió en Conservador Jefe del Museo de la institución. También fue miembro de las Academias de Valladolid, Sevilla, Toledo, Coruña, Cádiz y Barcelona y de los Patronatos del Museo de Prado y del Museo Naval.

Entre los numerosos libros y artículos publicados, fruto de su trabajo de investigación en el campo del arte, cabe destacar: Historia del arte (obra conocida entre sus alumnos como "El Azcárate"), Monumentos españoles, La arquitectura gótica toledana del siglo XV, Arte en Castilla la Nueva, La arquitectura de los orígenes al Renacimiento, etc., además de los inventarios artísticos de Madrid y Guadalajara y su colaboración en el catálogo monumental de la provincia de Álava. En 1961 recibió el Premio Nacional de Literatura por su obra Alonso Berruguete, cuatro ensayos.

Azemmur

Ciudad de Marruecos, también llamada Muley Bu Shaib por el nombre de su santo patrón, situada en la costa atlántica, concretamente en el estuario de la desembocadura del río Oum er-Rbia, a 15 km al NE de El Jadida y a 79 km al SO de Casablanca. Tiene una población aproximada de 17.200 habitantes (según estimaciones del censo del año 1992).

Historia

La fecha de la fundación de la ciudad es incierta. Según los resultados de las últimas excavaciones, parece ser que la actual ubicación de la ciudad se corresponde con la antigua Azama, puesto fundado por los fenicios y ocupado posteriormente por los púnicos y romanos como punto de escala hacia las colonias costeras más meridionales. Desligada por completo del dominio ejercido por las siguientes dinastías reales bereberes (almorávides y almohades) y nacionales (meriníes y saadíes), a finales del siglo XV los portugueses comenzaron a recalar en su pequeño puerto para comprar cereales, telas y caballos. En el año 1513, tras muchos intentos por doblegarla, los portugueses se apoderaron de la ciudad. Pese a su breve estancia, entre los años 1513 y 1541, año en el que fueron expulsados por los saadíes, los portugueses tuvieron tiempo suficiente para construir una magnífica fortaleza a orillas de Oum er-Rbia. El esplendor comercial de la ciudad se produjo tras la expulsión de los judíos de la península Ibérica decretada por los Reyes Católicos en el año 1492, momento en el que se albergó en la misma una importante comunidad sefardí que permaneció allí hasta la creación del estado de Israel, en el año 1947.

Patrimonio Artístico

El centro neurálgico de la ciudad lo constituye la Plaza del Zoco (Place du Souk), rodeada de pequeños cafés, donde se encuentra la Bab el-Souk (Puerta del Zoco), que permite la entrada a la medina amurallada por los portugueses. Casi todo el perímetro interior de las murallas soporta preciosas casas pintadas de un blanco inmaculado, adornadas con buganvillas rojas y escalonadas en terrazas, entre olivos y granados. También merece destacarse la kasbah el mel-lah ('barrio judío').

Aziliense

El arte aziliense recibe su nombre por la industria identificada a finales del siglo XIX por Édouard Piette en el yacimiento Mas d’Azil (Francia). Su origen se encuentra en el Magdaleniense Superior, pues hay una continuación con el material lítico y óseo, aunque su industria ósea es más pobre. El arte aziliense, cuya horquilla cronológica oscila entre el 11.900 al 9.200 BP, supone una forma de representación gráfica muy diferenciada respecto al conjunto del Paleolítico Superior, con una manifestación más abstracta y elevada.

Pese a algunos intentos de interpretación del conjunto de signos que conforman el arte aziliense, no sería hasta mediados de 1980 cuando se realizase una investigación sistemática a cargo del historiador Claude Couraud. Aplicando los métodos que Laming-Emperaire y André Leroi Gourhan desarrollaron para los estudios del arte paleolítico, Couraud definió los motivos pintados sobre cantos y plaquetas y los agrupó en puntos, trazos transversales, líneas onduladas, cruces, óvalos… etc. Su trabajo deja de manifiesto la existencia de un lenguaje complejo, que utiliza para su expresión un reducido grupo de signos, mucho más simples que los paleolíticos, pero con una sintaxis basada en combinaciones, asociaciones e incompatibilidades. También determinó que los pigmentos utilizados en el arte aziliense serían óxidos de hierro y manganeso para las diferentes tonalidades de rojo y negro, aplicados con el dedo, con finos pinceles o proyectando pintura (manchas).

Couraud documentó un total de treinta y siete yacimientos con arte aziliense repartidos entre Francia, España (Cornisa Cantábrica), Italia (Norte) y Suiza, y alrededor de 2000 objetos artísticos (de los cuales más de 1400 corresponden a la Cueva de Mas d’Azil).

Los objetos artísticos más importantes del arte aziliense son los cantos pintados, guijarros a los que se aplicaba un pigmento (generalmente roja) utilizando la propia yema del dedo o el extremo de un «pincel». Tendían a buscar cantos con unas peculiaridades más o menos específicas para soportar la decoración pintada; los más numerosos son los ovales y oblongos, aunque la tipología incluye otras morfologías como los triangulares, trapezoidales, rectangulares e informes. En cuanto a los motivos decorativos, Couraud distingue dos tipos de motivos: simples y complejos. Los signos simples serían puntos y trazos rectos transversales, sin embargo, los complejos comprenden cinco categorías: lineales (trazo longitudinal, línea ondulada, zigzags y grecas), perpendiculares (cruz, retícula, perpendicular no cruzado), curvas (oval-arco con línea transversal), geométrico complejo (grupo de trazos y/o figuras asociados) y coloreados (en parte o totalmente).

Una década después, el historiador Francesco D’Errico realizó numerosos estudios y análisis de la tecnología del arte mueble prehistórico, interesándose no sólo por la expresión plástica en sí misma, sino también las técnicas empleadas, el pensamiento humano detrás de la obra, etc. Su investigación se centró en los cantos grabados, que mediante análisis microscópicos de los trazos determinó la relación entre el resultado obtenido, el útil empleado y el gesto realizado. D’Errico concluyó que la decoración se llevó a cabo generalmente con útiles líticos, presumiblemente buriles, y que los trazos se realizaron mediante acciones rápidas con yuxtaposiciones en un movimiento de vaivén. Gracias a sus estudios se ha podido desechar las hipótesis formuladas por otros historiadores que mantenían que la decoración aziliense respondía a un sistema de notación basado en la lenta acumulación de anotaciones. Los trazos de las decoraciones azilienses no reflejan el paso de los días, lunas o estaciones, sino que expresan el ritmo rápido de los impactos del artista prehistórico.

En el Suroeste francés, recientes investigaciones han descubierto la existencia de un arte mueble aziliense figurativo, en el que se pueden diferenciar dos estilos: un arte figurativo muy esquematizado y una segunda tendencia estilística con representaciones figurativas exageradamente desproporcionadas que autores como Roussot propusieron la denominación de esta tendencia como «Estilo V».

– Arte figurativo esquematizado: En la transición entre niveles magdalenienses y azilienses los motivos abstractos aumentan pero se siguen dibujando figuras de animales sobre cantos y plaquetas. Estas figuras continúan con una evolución hacia la esquematización que ya se fue dando en el Magdaleniense Final. Algunos yacimientos donde se ha encontrado este arte figurativo son los de Abri Murat (Rocamadour, Lot) o Abri des Cabônes (Jura).

– Arte figurativo del «Estilo V»: Sobre fragmentos óseos de algunos yacimientos del Suroeste francés (Pont d’Ambon en Dordogne, Borie del Rey en Lot, etc.) se han encontrado grabados de figuras de animales con el cuerpo exageradamente alargado, desproporcionado en relación con las patas, rellenándose con trazos paralelos o con decoración abstracta. Esta tendencia estilística es de gran homogeneidad, por lo que podría encajar con una cadena operativa elaborada pero repetitiva. El repertorio iconográfico está constituido por équidos, bóvidos, cérvidos y cápridos.

En 1993 Emmanuel Guy profundizó en los rasgos constructivos de la creación figurativa animalística de este periodo epipaleolítico, distinguiendo cinco criterios:

– La estructura base: Las figuras zoomorfas muestran un esquema de construcción muy similar con un cuerpo de forma trapezoidal: dos líneas paralelas corresponden con el dorso y el vientre, mientras que otras dos oblicuas y convergentes constituyen la parte delantera y posterior del animal.

– El tratamiento del contorno: Por lo general, la silueta se remarca con distintos procedimientos siguiendo un diseño complejo (trazo en «alambre de espino», yuxtaposiciones de líneas cruzadas, doble trazo relleno… El contorno deja de ser naturalista como en el Magdaleniense para hacerse más «abstracto».

– El tratamiento de las patas: La gran mayoría de las figuras presentan una acusada atrofia de las patas, resueltas por medio de dos pequeños trazos oblicuos convergentes que pueden contener, en su interior, haces rectilíneos o retículas creadas a través de líneas cruzadas.

– El relleno de las cabezas y cuerpo: El interior del cuerpo se rellenaba con elementos geométricos como bandas de líneas onduladas, series de escaliformes, haces contínuos de trazos cortos, conjuntos de zigzags, etc… Las cabezas se separan del cuerpo y se rellenan con reticulados o bandas de rectas paralelas. Todo ello hace que la figura se aleje del naturalismo precedente donde se buscaba el detalle anatómico preciso para dotar a las imágenes de realismo.

– Las figuras ciegas: Los animales se representan sin detalles complementarios de las cabezas como ojos, nariz o boca, aunque en las líneas de relleno interno reservan sin rayar la zona del ojo. Otros elementos anatómicos como orejas, crineras y cornamentas si que aparecen representadas. Todas estas características han sido denominadas por algunos autores como «Estilo V» o postmagdaleninense.

El paso del Paleolítico Superior al Epipaleolítico en la fachada mediterránea de la Península Ibérica queda definido por la evolución del Magdaleniense Superior al denominado Epipaleolítico Microlaminar. El arte aziliense, sin embargo, no parece que baje en latitud más allá del Ebro, habiéndose documentado hasta ahora cantos pintados azilienses en yacimientos de Cantabria (Cueva del Valle), Asturias (Cuevas de la Riera, Balmori, Pindal, Oscura de Ania, de los Azules…) y País Vasco, fundamentalmente.

Además, también han aparecido algunos cantos grabados en las cuevas de Balmori, Morin y de los Azules. Además de esta industria lítica, en la zona norte peninsular también se han encontrado algunos testimonios de industria ósea, con huesos que presentan ciertas huellas y restos decorativos en azagayas, arpones, varillas, espátulas y fragmentos de costillas. Los motivos expresados son simples (zigzags, óvalos, líneas incisas, paralelas, pequeñas muescas…). De este conjunto destacan las espátulas decoradas de las cuevas de Rascaño (Cantabria) y de los Azules. Es curioso es que las plaquetas decoradas que fueron tan abundantes en el Magdaleniense, desaparecen en este periodo a favor de la utilización de cantos, que estuvieron ausentes en el periodo anterior.

Al ser el Epipaleolítico un periodo de transición, existen ciertas dificultades para la interpretación del registro arqueológico y para determinar si éstos pertenecen al Magdaleniense Superior o al Arte Aziliense Antiguo. A veces, las secuencias estatigráficas no son calaras, con una defectuosa definición de las capas superiores de algunas cuevas que han sufrido alteraciones por excavadores furtivos, etc.

Aznar y García, Francisco, pintor, ilustrador y grabador español (Zaragoza, 1834 – 1911)

Pintor español de historia, ilustrador y grabador que también cultivó el retrato y la pintura decorativa. Fue auxiliar de composición y adorno del Conservatorio de Artes de Madrid, comisionado de las mismas disciplinas en el extranjero y académico de número de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Comenzó su formación en la Academia de Bellas Artes de San Luis de Zaragoza y en la de San Fernando de Madrid; en esta última fue discípulo de José y Federico de Madrazo, así como de Carlos Luis Ribera. En 1854 se trasladó a Roma como pensionado para ampliar sus estudios y allí conoció a Johann Friedrich Overbeck. Como ilustrador colaboró en publicaciones de la época, en Iconografía española, de Carderera, y en la serie Museo español de antigüedades, entre otras. Como decorador destacaron sus ornamentaciones en la iglesia de las comendadoras, en el Circo del Príncipe Alfonso y en el Café de Madrid. Concurrió a las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes, en las que obtuvo mención honorífica en 1860 y 1867, así como una tercera medalla dentro de la sección de grabado en la edición de 1881 por Pruebas de la obra «Indumentaria española».

Obras suyas son: La oración, óleo sobre lienzo, 95 x 137 cm (en dep. en el Ministerio de Justicia, Madrid) [P4741]. Recaredo ii, óleo sobre lienzo, 225 x 140 cm (en dep. en el Ministerio de Cultura, Madrid) [P5075]. San Hermenegildo en prisión, óleo sobre lienzo, 226 x 277 cm (en dep. en la Universidad de Barcelona) [P6422]. Sarcófago del príncipe don Juan (dos fragmentos), lápiz sobre papel, 395 x 220 mm [D4410]. Detalle del sarcófago del príncipe don Juan, lápiz sobre papel, 165 x 119 mm [D4726]. Detalle del sarcófago del príncipe don Juan, lápiz sobre papel, 110 x 257 mm [D4727]. 


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