Adán Morlán, Juan, escultor español (Tarazona, 1741 – Madrid, 1816)
De joven viajó a Roma para perfeccionarse en su arte y, en vista de sus progresos, consiguió una beca de la Academia de Bellas Artes de San Fernando para continuar sus estudios en Roma. Fue académico de mérito de la Academia de San Fernando, en 1774; y académico de mérito y director de estudios de la Academia de Roma.
En 1776 regresó a España y realizó algunos trabajos en la catedral nueva de Lérida; se trasladó a Madrid, hacia 1782, donde fue nombrado escultor de cámara en 1795. Destacan las obras que realizó para las catedrales de Jaén, Tabernáculo; y Granada, Retablo del Pilar y Retablo de San Miguel; la Estatua de Venus para la Alameda de Osuna, en 1795; y algunos retratos como: El duque de Alcudia (1794), Carlos IV y María Luisa (1797) y El obispo Bertrán.
Estudia en Zaragoza y se coloca de aprendiz en el taller del escultor José Ramírez de Arellano. Se traslada a Roma, donde consigue una pensión para realizar estudios. Se le nombra miembro de la Academia de San Lucas y es también en Roma donde se casa con Violante del Valle.
En el año 1774 se le nombra académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, allí regresa en 1776, con encargos para realizar diversos retablos. Trabaja en la catedral de Lérida, Granada y Jaén.
Se le hicieron numerosos encargos para realizar retratos de personajes relevantes y de la nobleza de la época. En 1811 fue nombrado Director de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, así como escultor de cámara del rey Fernando VII, en el año 1815.
Su hija Micaela fue la esposa de Diego de Argumosa y Obregón, llamado "el restaurador de la cirugía española del XIX" e introductor en España de la anestesia.
Su hermano Andrés fue asimismo notable escultor, elegido en 1806, por su obra El centauro Chirón enseñando la música a Aquiles, «Escultor de los Reales Jardines de San Ildefonso».
Obras suyas son: Retrato de Carlos IV Retrato de María Luisa de Parma Retrato de Manuel Godoy Retrato del Duque de Alcudia. 1794 Sepulcro y estatua orante del arzobispo Antonio Jorge y Galbán (Catedral de Granada) La Piedad. Colegio de los PP Escolapios de Pozuelo de Alarcón San José con el Niño. Iglesia de San Ginés, Madrid. Cristo crucificado. Iglesia parroquial de Torrelavega Esculturas en los Jardines de Aranjuez. 1793. Príamo y Héctor. R.A.B.A.S.F., Madrid.
Adaro y Magro, Eduardo, arquiterto español (Guijón, 1848 – Madrid, 1906)
Ejerció a lo largo de su vida diferentes cargos aunque destacó primordialmente como arquitecto titular del Banco de España, después de ser arquitecto auxiliar de esta institución. Cabe destacar que dirigió la construcción del Banco de España de Madrid, además de varias sucursales del mismo en otras ciudades.
Además de su vinculación al Banco de España, también ejerció otros cargos importantes, como ser profesor de la Escuela de Arquitectura de Madrid, arquitecto de la exposición vinícola madrileña en 1877, vocal de la Junta de patronos del Correccional de Santa Rita, vicepresidente de la Sociedad de Higiene, presidente de la Sociedad Central de Arquitectos, además de ser jurado de varias exposiciones, concursos y oposiciones, y académico electo de la Junta de Bellas Artes de San Fernando (véase Real Academia de Bellas Artes de San Fernando).
Entre sus obras más importantes destacan las iglesias de Periana, la de Puente Piedra y la de Torre del Mar, el monumento a Alfonso XII en Alhama, y dos obras de presidios: el correccional de jóvenes de Carabanchel y el presidio en la isla de Cabrera.
Su obra fue premiada con varias condecoraciones; entre ellas varias medallas de oro en exposiciones de arquitectura, además de ser agraciado con la Gran Cruz de Alfonso XII y las cruces de Caballero y Comendador de Carlos III.
En su obra arquitectónica hizo empleo abundante del hierro y esto pude verse en el patio de operaciones del Banco de España.
Adén
Ciudad de la República del Yemen situada a 300 metros sobre el nivel del mar, en una península rocosa al suroeste de la península arábiga, a la entrada del mar Rojo, en el golfo que lleva su nombre.
Arte
Las Cisternas de Tawila, integradas por un sistema de 18 cisternas interconectadas entre sí mediante canalizaciones que están diseñadas para almacenar hasta la más mínima gota de agua procedente de las precipitaciones estacionales. Fueron construidas por los rasulidas, y los tahiridas. Los británicos las descubrieron en 1854, mientras realizaban unas excavaciones en la zona, y las limpiaron, eliminando cualquier rastro de los escombros que las cubrían y volvieron a utilizarlas según su función original casi 2.000 años después de haber sido construidas.
Mezquita Al Airdrus, construida en el siglo XV. Su aspecto actual se debe a una remodelación de 1850. Su interior alberga la tumba del patrón de Adén, Sayyid Abdullah al Airdrus.
Museo Arqueológico Nacional, cuyo edificio es un antiguo palacio del sultán de Lahej. En su interior se exponen numerosos objetos pertenecientes a los principales reinos preislámicos del país, especialmente de Qaaban y Awsan.
Aderezo
Adorno femenino constituido por un juego de joyas, generalmente ricas y costosas, de oro, plata o pedrería. Consta por lo regular de collar, pendientes y pulsera de la misma calidad y dibujo; cuando solamente se compone de pendientes y un alfiler de pecho (o broche) se llama medio aderezo.
Hubo también los aderezos de espada, sables, dagas o espadines, que no eran otra cosa que la guarnición por la que se empuñaban estas armas o el brocal o la contera que se ponía en la vaina.
Característico del s. XVII y XVIII, tanto de la joyería como de la bisutería, es el aderezo. Un aderezo femenino constaba de collar, pendientes, broche y, a veces, también de tiara o anillo. Un aderezo masculino en el siglo XVIII constaba de botones, hebillas de zapato, empuñadura del sable e insignia de la orden de caballería. Se diseñaron gran cantidad de magníficos aderezos y joyas para las casas reales europeas, las cuales durante siglos han ido acumulando colecciones de aderezos de coronación, joyas oficiales y personales e importantes piedras preciosas como los diamantes Koh-i-noor y Esperanza. Aunque muchas joyas reales han sido retalladas, fraccionadas o se han perdido, aún se conservan importantes colecciones en la torre de Londres, el tesoro de Viena y el Kremlin de Moscú. En esta época también estuvieron de moda accesorios con piedras preciosas como relojes, tabaqueras y sellos. Algunas de las joyas europeas más suntuosas fueron realizadas en Francia durante el Segundo Imperio, cuando se impuso el uso extravagante de perlas y diamantes de gran valor. Al dar mayor importancia a la abundancia, la ostentación y al valor intrínseco de las piedras preciosas, se descuidó la artesanía de las monturas de metal y bajó la calidad de las joyas. En Rusia, a finales del s. XIX, tuvo lugar un resurgimiento de la orfebrería con Carl Fabergé, creador de accesorios como cajas, empuñaduras de bastones, abanicos y marcos de cuadros. Al igual que los orfebres del renacimiento, Fabergé se especializó en el contraste de colores y materiales y sus diseños muestran una original combinación de oro, esmalte y piedras preciosas.
Adiaensen, Alejandro, pintor flamenco (Aberes, Bélgica, 1625-?)
Se dedicó especialmente a pintar bodegones.
Adler, Dankmar, arquitecto alemán (Eisenach, 1844 – Chicago, 1900)
Adler era un arquitecto judío y un ingeniero civil que, con su socio Louis Henry Sullivan, diseñó muchos edificios inclusive el Chicago Stock Exchange Building y el Auditorium Building. La firma de Adler y Sullivan era instrumental en reedificar Chicago después del gran fuego y era el líder en la escuela de Chicago de la arquitectura.
Además de sus propios logros con edificios y rascacielos, entrenó a Frank Lloyd Wright.
Hijo de un chantre, inicia los estudios de dibujo a los quince años. En 1854 emigra a Detroit. Trabaja asociado con A.J. Kinney de 1869 a 1871, con Edward Burling de 1871 a 1879 y con L. H. Sullivan de 1881 a 1895. Durante el boom de la construcción que Chicago experimentó tras el incendio de 1871, colabora con Burling en numerosos diseños. En 1879 se independiza profesionalmente, asociándosele Sullivan dos años después de que, en su obra más significativa, el Central Music may de Chicago, diseñara las rejas monumentales. Esta edificación, acabada en 1879, se convierte en prototipo de otros teatros más tardíos, en especial del Edificio Auditórium. Estas son obras notables por su configuración, distribución e iluminación, pero en las que acapara todos los elogios el saber intuitivo de Adler es en materia de acústica.
Adler destina los últimos años de su vida a controlar los trabajos de ingeniería y los asuntos económicos de la empresa, así como a participar activamente en organismos afines a la arquitectura con el propósito de introducir muchas reformas progresistas y mejorar el papel de la arquitectura en la sociedad norteamericana. Dentro de su producción se incluyen varias sinagogas.
Dankmar, hijo de Liebman Adler, maestro de la escuela judía y cantor de la sinagoga de Eisenach, Stadtlengsfeld, Alemania, nació el 3 de julio de 1844. Su madre murió al darlo a luz y, por eso, el padre inventó el nombre de su unigénito uniendo dos palabras: «dank» (gracias) y «mar» (amargo). Cuando el niño tenía diez años de edad, Liebman, invitado a asumir como rabino y cantor de la comunidad Beth El de Detroit, Estados Unidos, decidió aceptar el cargo y emigrar. Allí Dankmar estudió en escuelas públicas, pero luego no pudo ingresar, como deseaba, a la universidad. En cambio, recibió lecciones de dibujo. Como manifestara interés por la Arquitectura, el padre le consiguió entrar de aprendiz al taller de Shaefer, conocido arquitecto de la ciudad. Allí aprendió los llamados «Cinco Ordenes de la Arquitectura», nociones muy estrictas, tradicionales, de las escuelas de arquitectura insertas en las de Bellas Artes (tal como se enseñaba en Chile hasta comienzos del siglo XX). Y debió dibujar, con los instrumentos de precisión de la época, difíciles de manipular, los complicados ornamentos bizantinos y románicos que eran populares en esos tiempos. Precursor de la Arquitectura Moderna Dankmar Adler Pionero y líder en el desarrollo y construcción de edificios estructurados en acero.
En Mayo de 1861 Liebman fue designado rabino de la Sinagoga Kehilath Anshe Ma'ariv de Chicago y los Adler se trasladaron a esa ciudad. Dankmar comenzó, inicialmente, a buscar trabajo de arquitectura, pero en julio del año siguiente se alistó como voluntario en la Compañía M, Primer Regimiento de la Artillería Ligera de Illinois y participó en muchas batallas de la Guerra Civil, donde resultó herido. Durante ese tiempo, en los momentos de calma, se dedicó a leer publicaciones científicas, especialmente las relacionadas con Acústica, materia que sería más tarde una de sus sobresalientes especialidades en el campo de la Arquitectura, como en el soberbio Auditorio (Teatro Central de Variedades) de Chicago (1890). Los últimos meses de la guerra los sirvió como dibujante en la oficina de Ingeniería de la División Militar de Tennessee. Al ser desmovilizado, regresó a Chicago. Allí comenzó a recibir numerosos encargos como arquitecto y en 1971 se asoció con Edgard Burling. Ocho meses después de constituida la sociedad, estaban sobrepasados de trabajo, a causa del enorme incendio de la ciudad. Adler se casó al año siguiente, a los 38 años de edad y siendo ya un profesional exitoso, con Dila Kohn, hija del fundador de la Sinagoga donde ejercía su padre. En 1879, la sociedad con Burling se deshizo. Adler contrató como ayudante al entonces muy joven Louis Sullivan, a quien más tarde asoció. Sullivan era muy talentoso y, de hecho, es mucho más famoso que su mentor. Ambos diseñaron más de cien edificios, incluyendo numerosos rascacielos de innovadora estructura metálica. Uno de los más conocidos es el Chicago Stock Exchange Building. El esbelto esqueleto de acero, oculto, resulta, mirado con los ojos de hoy, contradictorio con la pesada apariencia exterior del edificio y con la profusión de adornos, de delicado trazado. Adler diseñó también, en esa misma época, una nueva sinagoga para la congregación de su padre. Entre los jóvenes aprendices formados en la oficina Adler y Sullivan, llegaría a destacarse extraordinariamente el gran arquitecto Frank Lloyd Wright. En 1895, cuando recién había cumplido medio siglo, Adler disolvió su oficina y se dedicó exclusivamente a dar conferencias y a escribir artículos sobre arquitectura. Murió cinco años más tarde
Adler, Felipe, llamado Patricus y, por corrupción, Patricina, grabador alemán (Nüremberg, 1848-?)
Sus obras son muy estimadas, y se cita en particular una Virgen con el niño Jesús en una rama de hojas.
Adler, Jorge Cristian, arqueólogo y teólogo alemán (1734-1804)
Fue hijo de Jacobo Adler, Sus principales obras son: Descripción completa de la ciudad de Roma, Las lagunas pontinas y De aquaeductibus urbis Romae.
Adobe
Conglomerado de barro y paja moldeado en forma de ladrillo y secado al sol: muchos miembros de la tribu aún vivían en casas de adobe.
Arquitectura
Su composición es barro amasado con agua y paja o, en su defecto, cal, arena en bajo porcentaje o estiércol, para darle consistencia. Se trata de un material que, con una tradición constructiva de más de 6.000 años, cayó en desuso al ser sustituido por piezas cocidas, denominadas ladrillos. No obstante, en la actualidad , más del treinta por ciento de la humanidad aún sigue viviendo en casas de ladrillo crudo y, aproximadamente, el cincuenta por ciento corresponde a población de países en vías de desarrollo, que han encontrado en la utilización de un material autóctono el camino para solucionar sus graves problemas habitacionales sin dependencias de terceros países.
Historia
La más antigua ciudad conocida, Çatalhöyük, en Anatolia, del VII milenio antes de Cristo, tenía las casas construidas con adobes. En el Antiguo Egipto se empleó frecuentemente el adobe, elaborado con limo del Nilo, en la construcción de casas, tumbas (mastabas), fortalezas, e incluso palacios, aunque los egipcios también fueron los primeros en emplear la piedra tallada para erigir templos, pirámides y otras edificaciones monumentales.
En Perú existe la ciudadela de Chan Chan, la ciudad de barro más grande de América, perteneciente a la Cultura Chimu, (1200-1480). Chan Chan se ubica en el valle de Moche, frente al mar, a mitad de camino entre el balneario de Huanchaco y la ciudad de Trujillo, capital del departamento de La Libertad en la costa norte del Perú. El sitio arqueológico cubre un área aproximada de veinte kilómetros cuadrados. La zona central está formada por un conjunto de diez recintos amurallados (llamados "ciudadelas") y otras pirámides. Este conjunto central, cubre un área de seis kilómetros cuadrados, aproximadamente. El resto, está formado por una multitud de pequeñas estructuras mal conservadas, veredas, canales, murallas y cementerios.
En España, es característico, entre otras, de las regiones secas de Castilla y León donde se añade paja al barro. Las construcciones de adobe se suelen remozar con una capa del mismo barro con lo que dan ese aspecto tan curioso de las casas típicas de Tierra de Campos. También es usual en regiones semi-desérticas de África, América Central y América del Sur (rancho.)
En México, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Argentina y en el sur y norte de Chile las casas de adobe son aún patrimonio de muchas familias humildes, que conservan esta tradición desde tiempos inmemoriales. Mezclar pasto seco con el barro permite una correcta aglutinación, gran resistencia a la intemperie y evita que los bloques una vez solidificados tiendan a agrietarse. Posteriormente los bloques se adhieren entre sí con barro para levantar muros.
Actualmente algunos arquitectos siguen utilizando muros de adobe en combinación con cimientos, columnas y losas de hormigón debido a sus características. En muchas ciudades y pueblos de Centro y Sur de América la construcción con adobes se mantiene viva aunque amenazada por las imposiciones del mercado formal o por la mala fama que le han hecho los sismos y el mal de Chagas. En Uruguay, el adobe es una de las técnicas tradicionales de construcción que poco a poco fue dejada de lado aunque en los últimos 20 años se han realizado experiencias tanto en Montevideo como en el interior del país.
La reactivación de una arquitectura en adobe en gran medida se debe al ahorro de energía que las edificaciones con este material suelen implicar, en efecto el adobe resulta un excelente aislante térmico motivo por el cual se reducen las demandas de energía para refrescar o caldear las viviendas. Por otra parte, uno de los problemas típicos del adobe es su absorción de la humedad del suelo por capilaridad, para esto una solución bastante frecuente es utilizar un cimiento hidrófugo o impermeable de hasta aproximadamente un metro de altura sobre el nivel del suelo, tal cimiento suele ser de piedras o, más modernamente, de hormigón.
Características técnicas
El adobe puede ser considerado como un ladrillo crudo que no ha pasado por la etapa de cocción. Su composición es el barro amasado con agua y paja o, en su defecto, con cal, arena en bajo porcentaje o estiércol, para darle consistencia. El secado del adobe se realiza al aire. También se puede producir adobe prensado sin introducir materia orgánica, sometiéndolo a fuerzas de compresión de aproximadamente 50 kg/cm2.
Las dimensiones del adobe dependen del país e incluso de la zona, pudiéndose decir que el largo corresponde a dos veces el ancho más una llaga, entendiendo la llaga como el espacio entre adobes una vez colocados y de aproximadamente un centímetro. Dimensiones usuales son 40 x 20 x 10 cm ó 20 x 30 x 10 cm.
Se suele considerar una densidad aceptable del adobe la de 1.6 Kg/cm3.
Su resistencia a compresión está entre 33 y 47 Kg/cm2.
Se considera que no es aconsejable que el adobe colocado sufra compresiones mayores de 5 kg/cm 2.
Para una construcción ordinaria no es necesario probar la resistencia de los adobes. Si éstos son suficientemente firmes para ser apilados, acarreados y manipulados sin pérdidas apreciables debido a rompimiento, serán suficientemente fuertes para construir simples paredes. Después de curarse a la intemperie, las esquinas de los adobes deben ser firmes, siendo necesario un fuerte golpe de martillo para romper uno de ellos.
La elección de una tierra adecuada es fundamental para la fabricación de adobe, siendo la mejor aquella que se mezcla fácilmente y da como resultado piezas que no se agrietan y que al mojar y secar los adobes repetidamente no dan muestras de deslavado, aunque quede al descubierto el agregado grueso. Los adobes fabricados con esta tierra poseen esquinas duras y son difíciles de quebrar.
Se entiende que una tierra es aceptable para la fabricación , cuando el mezclado es difícil pero posible, los terrones de la tierra para amasar deben ser remojados y deben presentar un tacto pegajoso. En algunas piezas realizadas con este tipo de tierra pueden aparecer grietas y al dejarlas a la intemperie, se produce deslavado pero no agrietamientos importantes. En su manipulación pueden producirse roturas de esquinas, pero la pieza es suficientemente firme. Una tierra no debe utilizarse para fabricar adobe, cuando es imposible de mezclar eficientemente sus componentes, todas las muestras se agrietan, los adobes no pueden ser manipulados apilados y cuando dejados a la intemperie se desmoronan, o aparecen grandes grietas.
Generalmente, la resistencia a compresión, en materiales secos preparados con tierra, se debe a la proporción de arcilla, mientras que la arena reduce el enjutamiento y la formación de grietas. La tierra debe ser arcillosa y carente de piedras y otras impurezas. El contenido de arena en tierras entre un 50% y un 60% es el adecuado para la fabricación de adobes, considerándose un 70% el porcentaje idóneo para la preparación de bloques con máquina.
Fabricación
En la fabricación del adobe se distinguen las siguientes etapas:
Amasado: consiste en mezclar la tierra escogida con agua y paja hasta lograr una masa moldeable.
Moldeado: se prepara un espacio con arena, paja y cal, donde se coloca la adobera o molde de madera de dimensión algo mayor que el material terminado, con agarraderas laterales para facilitar el desmolde. Se llena de barro preparado apisonándolo. Más tarde se retira el molde y se deja secar el adobe. Para evitar que la mezcla se pegue a la adobera, una vez vaciada, se lava o se frota con arena.
Secado: terminado el moldeado se deja el adobe al menos veinticuatro horas en el lugar, procediéndose, una vez transcurrido dicho período, a la recogida y colocación en relajes que permita la circulación de aire entre los adobes , hasta la desecación aparente. Los rejales se protegen con paja para evitar posibles deterioros.
En la actualidad gracias a la utilización de prensas, generalmente manuales, tipo Cinva-Ram, se consiguen piezas más compactas y resistentes. Añadiendo al terreno seleccionado una pequeña porción de cemento se consiguen adobes mejorados, denominados generalmente como suelo cemento. La selección de tierras en este caso es menos rigurosa, sirviendo las que tengan un contenido arenoso entre 60% y 75%.
En la fabricación de adobes mejorados, una vez seleccionada la tierra, se la deja cubierta para que pierda su humedad natural, pasándola través de un tamiz nº 4 ; a continuación, en seco, se añade cemento en proporciones de una parte de cemento por catorce de tierra. El amasado se realiza generalmente con pala, añadiendo agua con regadera para evitar la formación de barro; posteriormente, se vierte sobre moldes metálicos y se aplica la presión necesaria con la prensa. Una vez formados los bloques, se pasa por la etapa de curado, regando por aspersión los materiales que deberán estar protegidos del sol y de la lluvia. Esta operación durará , como mínimo quince días, pudiendo ser movidos los bloques al quinto día. Las dimensiones de las piezas son semejantes a las del adobe.
Construcción antisísmica
En América Latina hay ejemplos de que las estructuras de adobe presentan una alta vulnerabilidad sísmica, ya que han habido comportamientos inadecuados ante las fuerzas inducidas por los terremotos —incluso los temblores moderados de tierra—, derrumbándose de manera súbita. Esto ha creado un gran número de pérdidas humanas e importantes pérdidas económicas, culturales y patrimoniales. Un caso concreto es el terremoto de la ciudad de Cartago en Costa Rica de 1910, después del cual se prohibió la utilización de adobe en las construcciones de dicho país.1 Esto se observa reiteradamente en Latinoamérica, donde el cuidado del patrimonio, en particular de tierra, se encuentra, por lo general, sin la adecuada manutención ni cuidado. Las principales razones de derrumbe y vulnerabilidad sísmica de las construcciones de adobe se debe a la nula manutención, al descuido, a las intervenciones inadecuadas sobre su estructura y por sobre todo a las construcciones realizadas de forma precario o sin el conocimiento adecuado sobre el sistema constructivo, no teniendo encuentra características básicas de su construcción, como respetar proporciones de altura y espesor, proporciones adecuadas en la mezcla, correctos morteros, entre otros.
El mayor problema para la reparación, manutención y correcta ejecución de las construcciones de adobe es la pérdida de una tradición ancestral, transmitida de generación en generación, generando un vacío en la cultura constructiva, perdiendo el saber hacer y generando problemas que pueden ser fatales, sobre todo en el caso de países sísmicos.
Según las Normas Argentinas para Construcciones Sismorresistentes: Reglamento INPRES - CIRSOC 103: «Existen materiales aptos para lograr construcciones seguras, y materiales no aptos (tales como el adobe), pero de ninguna manera puede hablarse de materiales antisísmicos».
Esta situación condujo a que los gobiernos y la población en general hayan favorecido la reconstrucción con bloque, ladrillo y hormigón. Sin embargo, estas viviendas nuevas, aparte de perder su calidad térmica, son más costosas y su edificación en autoconstrucción se hace más difícil. Por esta razón, muchos centros de investigación y agencias de cooperación trabajan para desarrollar construcciones antisísmicas en adobe que sean saludables y socialmente costeables.
En Colombia y Perú se han desarrollado diversos estudios y técnicas tendentes a obtener piezas de adobe antisísmicas, prestando especial interés en la adecuada composición y sus dimensiones óptimas, pudiendo utilizase tanto en nuevas construcciones como en rehabilitación.
En Chile, en el Terremoto de Santiago de 1985 muchas de las construcciones de adobe resultaron gravemente dañanadas y durante el terremoto de Chile de 2010, diversas construcciones de este material se derrumbaron o quedaron gravemente dañadas, comunas como San Carlos, Yumbel, Santa Cruz, Talca (casco histórico), quedaron prácticamente en el suelo debido a estos derrumbes, ya que son las construcciones más antiguas de los lugares siniestrados. Sin embargo, muchas de ellas fueron además derrumbas y abandonadas por los prejuicios generados a través de los años, desconociendo su real estado constructivo, lo que ha generado una gran alerta en la población y prejuicios sobre el material. Otras se mantienes estoicas esperando su reparación y otras ya han sido reparadas, como en Vichuquén.
Actualmente diversas universidades de Chile, organismos de estado, y oficinas privadas estudian una manera de renovar el adobe y darle propiedades antísismicas para mantener la identidad cultural del país. Por otro lado se estudian estrategias aplicadas en los edificios que se han mantenido de pie por s.s sin derrumbarte antes la inmensa cantidad de terremotos de Chile, para aprender de estrategias constructivas tradicionales y del bien hacer de los constructores de tierra.
Adolphe, José Francisco, pintor checoslovaco (Moravia, 1671-1749)
Se distinguió como pintor de historia natural.
Adolphi, Jacobo, pintor italiano (Bergamo, 1682-1741)
Entre sus mejores cuadros se cita una Adoración de los Magos.
Adra
Adra es un municipio español de la provincia de Almería y la comunidad autónoma de Andalucía, situado en la comarca del Poniente Almeriense y a 53 km de la capital de la provincia, Almería.
Historia
Su origen se encuentra en la colonia de Abdera, fundada por los cartagineses en el s. VI a.C. Durante este período y el siguiente romano tuvo destacada importancia por sus industrias de salazones que la convirtieron en un floreciente centro comercial. Con la llegada de los árabes, y en general durante toda la Edad Media, perdió su privilegiada situación económica. En los años siguientes a la conquista de Granada recobró su antiguo poderío al amparo de su nueva condición de plaza fuerte avanzada que le otorgaron los monarcas castellanos, al tiempo que se fortificó.
Los orígenes de Adra la cual hoy en día se conoce como Adra no son muy claros. Hay dos teorías al respecto:
Por una parte se cree que ésta fue fundada por los griegos basándose en que su nombre no parece demostrar origen semítico y en que, según Apolodoro, Hércules estuvo en Adra. Otros testimonios recogidos de Poseidonios, Artemidoros y Asclepiades Myrleanos hablan de la existencia de la ciudad de Ulisea u Odisea, en el interior de Adra, e incluso de la existencia de un templo dedicado a Atenea. Pero esta teoría no deja de ser una suposición.
La teoría más aceptada sobre el origen de Adra es como colonia fenicia en el s. VIII a. C., corroborada por la aparición de un pie de Krátera del S.IV con inscripción púnica, este se conserva en el Museo Provincial de Granada, y de las monedas que, aunque no acuñadas hasta la dominación romana, conservan los caracteres púnicos. Éstos establecerían en el municipio un enclave comercial marítimo de relativa importancia, del que importan sobre todo productos relacionados con el mar, navegantes de Tiro y Sidón (Fenicia/Líbano), en ruta comercial hasta Gadir (Gades/Cádiz).
En la actualidad se llevan a cabo excavaciones arqueológicas en el Cerro de Montecristo, un promontorio, hoy interior, pero que debió ser acantilado en la época de su fundación, frente al mar Mediterráneo y formando la desembocadura del río Adra o Río Grande de Adra. En octubre de 2006 se han reiniciado las excavaciones para sacar a la luz restos de viviendas y talleres del s. VI a. C., trabajos que lleva a cabo la Universidad de Almería, con la dirección del profesor José López Castro. Los restos hallados en dicha excavación revelan un pasado púnico a partir del s. IV a. C., si bien, algunos historiadores insisten en que anteriormente pudo ser una colonia griega. Actualmente el Cerro de Montecristo está catalogado como Bien de Interés Cultural según la Ley de Patrimonio de Andalucía.
Tras un período de abandono, la colonia pasa a manos griegas, que le dan el nombre de Adra, de donde se deriva el nombre actual del municipio. Este nombre lo compartió con otras dos ciudades del Mediterráneo, una situada al norte de África junto a la ciudad púnica de Cartago, dentro de la actual Túnez bajo el nombre de Abdeira (según un mapa de Ptolomeo), y otra ciudad, hoy llamada Avdira, localizada en la Tracia griega y que sería ilustremente famosa por ser la ciudad de origen de filósofos como Demócrito y Protágoras. Avdira y Adra se encuentran hermanadas desde el año 1985.
Época romana
A partir del s. IV a. C. la colonia pasa a control púnico y a finales del s. II a. C. pasa a control del Imperio romano, en la provincia romana de la Hispania Ulterior. En Adra, la presencia romana se hace patente durante tres s.s, siendo el s. I, el de mayor esplendor como Municipio Romano, acuñándose monedas propias en su ceca.
Ingentes restos arqueológicos, especialmente lápidas y estelas de habitantes de Adra se hallan repartidas en museos arqueológicos y en colecciones privadas, ya que en los dos últimos s.s la expoliación de los yacimientos ha sido sistématica.
Adra fue en época romana puerto de salida de minerales de las sierras próximas de Gádor, maderas y salazones de pescado, entre ellas el garum, pasta licuada, procedente de los restos de carnes y vísceras de pescados y mariscos, muy apreciada en tiempos de la dominación romana. El garum obtenido en Adra, así como sus salazones, eran muy apreciados en todo el Imperio, tal y como menciona el historiador romano Plinio en Naturalis Historiae.
La mayoría de las fuentes bibliográficas más antiguas existentes sobre el municipio pertenecen a este período. Otros historiadores también mencionan la localidad en varias obras, como es el caso de Estrabón, que en el libro tercero de su Geografía, habla del puerto de Adra y de la existencia de otra ciudad llamada Odysseia, no en el lugar de la actual sino en la montaña, visible desde el mar y que exhibía un santuario dedicado a Atenea. No existe constancia de este santuario ni se han encontrado restos arqueológicos similares.
Tras una decadencia poblacional entre los años 23 a. C. y 25, se produce un momento de gran esplendor para la ciudad entorno al 175 y 225 d. C. A partir del s. III, y coincidiendo con la crisis del Imperio romano, la ciudad entra en un período de paulatina decadencia que dura hasta el s. VI d.C., en el que la ciudad casi ha menguado su actividad económica sustancialmente. Éste será el estado en el que la encuentren bizantinos y visigodos en torno a los s.s VI y VII d. C.
Época musulmana
La islamización del municipio no tendrá lugar hasta el s. IX d. C., remodelándose su población urbana en el interior, concretamente en torno a la barriada actual de La Alquería. De esta época son los restos arqueológicos más antiguos todavía presentes en la localidad, como es la torre vigía situada de la calle Natalio Rivas.
Existe una leyenda en torno a la figura del último dirigente nazarí de Granada, Boabdil el Chico, que afirma que éste abandonó la Península Ibérica desde el puerto de Adra en 1492, camino del norte de África, tras abandonar Granada huyendo de los Reyes Católicos. La leyenda afirma que una vez en el mar, el príncipe volvió la mirada en dirección a Adra y lanzó su espada al mar prometiendo que algún día volvería a por ella. Años después, elegiría nuevamente la ciudad de Adra como puerta de entrada para intentar una nueva reconquista frustrada de la península.
Asimismo, Adra fue puerto base de las tropas castellanas que acabaron con la rebelión de los moriscos en Las Alpujarras, en la que participaron los capitanes que vencieron en la Batalla de Lepanto.
Época contemporánea
Adra comenzó a resurgir en el s. XIX con la industrialización –fue pionera a nivel nacional poseyendo la primera máquina de vapor operativa en España– y la creación de fábricas de azúcar y fundición de plomo, aunque su pesca siempre ha sido bondadosa, especialmente en sardinas, boquerones, doradas y lubinas –en los últimos tiempos criadas en granjas marinas–, atún, bonito y melva 'canutera', alcanzándose gran prestigio con su industria conservera desde los años treinta.
En la actualidad la industria en Adra ha desaparecido casi por completo, la mayoría de los ingresos actuales provienen de la agricultura y la pesca, dos sectores muy tocados en estos últimos años.
Arte
Zona arqueológica del Cerro de Montecristo donde se ubica la antigua Abdera. Se conservan restos de murallas, torreones de la defensa del s. XVI y torres vigías.
Iglesia parroquial de la Inmaculada Concepción, templo fortaleza del s. XVI modificado en el XVIII.
Torre de los Perdigones y Ermita de San Sebastián, con la Fabriquilla del vinagre, único resto de la fundición de plomo de San Andrés, del primer tercio del s. XIX.
El yacimiento arqueológico Cerro del Montecristo está reconocido como Bien de Interés Cultural y es la máxima figura de protección contemplada en la Ley de Patrimonio Histórico Andaluz. Es una elevación natural de 49,38 metros de altitud sobre el nivel del mar, donde se asentó la población de Abdera. Numerosas reseñas literarias de la antigüedad hacen alusión a ella: Estrabón menciona Abdera cuando realiza la descripción de la costa sur del Mediterráneo, aclarando que se trata de una fundación fenicia, al igual que Sexi (Almuñécar).
Se han realizado diferentes intervenciones arqueológicas en el Cerro de Montecristo desde el s. XVIII. En el transcurso de la dirigida por el arqueólogo Fernández Miranda, en el año 1970, vieron la luz estructuras de casas de época púnica, cuya cronología se aproximaba al s. IV a. C, así como materiales y restos de época republicana romana, altoimperial y bajoimperial, fundamentalmente de balsas de salazón. En el año 1986 una nueva excavación arqueológica puso de manifiesto una fase más antigua, de ocupación fenicia. En la actualidad, sabemos que Abdera fue una fundación fenicia de finales del s. VIII a. C., que reproduce una situación habitual del urbanismo fenicio: en la desembocadura del río Adra (o río Grande), sobre un cerro elevado proyectado hacia el mar, dominando el estuario del río. Habitada la ciudad posteriormente por los romanos, detentó gran importancia en el Mediterráneo central y oriental, sobre todo por la comercialización del "garum" y salazones de pescado. La fisonomía del Cerro está muy alterada por los trabajos de desmonte y abancalamiento para el aprovechamiento agrícola. En la actualidad se trabaja para la recuperación y puesta en valor del yacimiento. El tránsito de la antigüedad a la época medieval sigue arrojando grandes interrogantes, si bien fuentes escritas mencionan que el obispo de Abdera acudió al Concilio de Sevilla convocado por San Leandro en el año 590. Sin lugar a dudas, esta referencia, manifiesta que existió poblamiento hasta al menos el s. VI d.C., y que Abdera continuó detentando cierta importancia al contar con sede episcopal.
Restos de Murallas de la Fortaleza de Adra (S.XVI), pertenecientes al recinto amurallado de Adra "La Nueva", que servía de protección a la villa. Mandado construir por la reina Juana "La Loca" para proteger a la población de los ataques de piratas que asolaban la costa mediterránea y de los moriscos que habitaban en el interior de la Alpujarra. La muralla que formaba el recinto fortificado estaba realizada con mampostería y tapial, y poseía una altura de siete metros en su parte interior y ocho y medio por el exterior. Se tiene constancia de la existencia de dos puertas en el perímetro de la ciudad.
Torre-Vigía de Guainos (S.XIII-XV), representativa del sistema defensivo nazarí-castellano, fue mandada a construir por doña Juana I de Castilla y cuyo cometido era la vigilancia costera sobre todo de la piratería berberisca.
Casas Señoriales de las familias Rodriguez-Chacón y Gnecco (S.XVIII). Estas casas barrocas fueron construidas por la familia Gnecco, de origen genovés que se instaló en Adra para desarrollar una importante actividad comercial. La vivienda compuesta por dos plantas y cubierta a dos aguas, está organiza en torno a un patio central porticado. La primera planta era utilizada para los servicios, por lo que en ella se encontraban las cuadras y los almacenes, y la segunda estaba destinada a vivienda. El escudo de armas situado en la facha de la casa hace referencia al prestigio de la familia.
Arco de las Animas (S.XVIII - XIX), es un arco-acueducto de medio punto que atraviesa la Rambla de las Cruces y fue utilizado para la conducción del agua.
Molino del Lugar (S.XVIII), es un molino harinero de dos paradas, cuya conducción de agua se realiza mediante un amplio arco de ladrillo, levemente apuntado.
Fundición de San Andrés (S.XIX), perteneciente a esta Fundición de plomo, se conservan dos construcciones recientemente restauradas: la Torre de los Perdigones y la llamada Fabriquilla del Vinagre.
La Torre de los Perdigones, mide 45 metros de altura y formó parte de la fundición de plomo de San Andrés. En ella, se elaboraban los perdigones obtenidos del enfriamiento del plomo derretido que caía desde la parte su parte más alta. Actualmente, esta torre constituye la imagen emblemática de la ciudad.
La Fabriquilla del Vinagre, es un vestigio de la industrialización del s. XIX, destaca por la cierta preocupación estética que patentizan algunos de sus elementos constructivos, algo poco frecuente en la arquitectura industrial.
Iglesia parroquial de la Inmaculada Concepción (S.XVI- XIX), es Iglesia, fortaleza. Destacan en su exterior los antepechos con saeteras, de claro carácter defensivo. Imaginería Barroca. La Iglesia Parroquial de la Inmaculada Concepción, conocida hasta el s. XIX como Iglesia de Santa María de la Encarnación de Adra, fue levantada en el s. XVI y es el monumento religioso más importante de la población. Su planta de cruz latina se divide en tres naves. Guarda en su interior una bella talla del Cristo de la Expiración, obra de Alonso de Mena y Escalante, y situada en un camarín, en su altar mayor, destaca la imagen de la Purísima Concepción.
Ermita de San Sebastián (S.XVII, XVIII)m fue reconstruida en 1680, se amplió en el s. XVIII. Portada latericia con lápidas que la tradición atribuye a San Tesifón. En su interior destaca la presencia de las imágenes de San Nicolás de Tolentino y la Virgen del Mar, patronos de Adra. Está situada en la ladera sur del Cerro de Montecristo, fue levantada a finales del s. XVII y reedificada a mediados del s. XVIII. Es un templo con planta de cruz latina en cuyo subsuelo se han localizado importantes restos romanos de las factorías de salazones, pertenecientes al s. I a.C. En su interior merece especial mención la imagen de San Nicolás de Tolentino, patrón de Adra.
Iglesia parroquial de Nuestra Señora de las Angustias (S.XVIII). La Alquería. Interesante Camarín con decoración geométrica de estuco. El templo consta de una sola nave con dos capillas laterales y una torre cubierta por una armadura, hoy oculta. Posteriormente, se llevo a cabo su ampliación en la que se construyó la actual cabecera, integrada por la capilla mayor, dos capillas colaterales y la sacristía.
Ermita de San Isidro (S. XVIII). Barranco de Almerín. Ejemplo de arquitectura religiosa popular alpujarreña. En su interior se venera la imagen de San Isidro, protector de los animales, en torno al cual se congregan multitud de fieles cada año en su día, para celebrar la tradicional fiesta cortijera.
Fuente del Mar, fue inaugurada el 15 de julio de 2004 por la Alcaldesa de Adra, Dña. María del Carmen Crespo Díaz. Monumento homenaje a los barcos y marineros desaparecidos de Adra.
Fuente Homenaje a la Agricultura, fue inaugurada el 22 de agosto de 2006 por la Alcaldesa de Adra, Dña. María del Carmen Crespo Díaz, la Fuente Homenaje a la Agricultura, refleja en su talla las labores que se realizan en el campo.
Adrano
Ciudad de Italia situada en la Isla de Sicilia, en un altiplano lávico que domina el valle del río Sineto, a 560 m de altitud. Dista 37 km de Catania, la capital provincial, y ocupa un área de 82,5 km2 en la zona suroeste de las faldas del Etna.
Historia
Los primeros asentamientos en esta zona se remontan a la época prehistórica, como puede comprobarse en los numerosos restos que se conservan y exhiben en el museo arqueológico de Siracusa.
Su fundación como ciudad se debe a Dioniso, tirano de Siracusa, y data del año 400 a.C. Durante la antigüedad fue una fortaleza militar y un cruce de caminos muy importante entre Enna y Catania.
Sufrió grandes desperfectos ocasionados por el terremoto de 1693 y, en el s. XX, durante la Segunda Guerra Mundial. Hasta 1929 era conocida con el mismo nombre que le impusieron los normandos, Aderno.
Arte
Entre sus numerosos monumentos debe destacarse:
Castillo: actualmente sede del museo arqueológico, situado en la plaza Umberto I. Fue construido en el s. XI, durante la dominación normanda, bajo el mecenazgo del conde Roger, y fue reformado en el s. XIV. Su interior se distribuye en cuatro alas y su altura es de unos 34 m. Su perímetro está rodeado por una muralla con torres en los ángulos. Alberga en su interior un museo donde se exhiben valiosas piezas arqueológicas encontradas en las excavaciones efectuadas en la región circundante al Etna.
Iglesia Madre: cercana a la fortaleza, construida en la segunda mitad del s. XV y reformada en el s. XVII. Tiene estructura de cruz latina y tres naves separadas por 16 columnas realizadas en piedra lávica.
Monasterio de Santa Lucía: situado junto a la iglesia que está bajo la misma advocación. Las obras de construcción del monasterio comenzaron en 1596, y su ejecución finalizó en 1775, según el proyecto de Steffano Ittar y del príncipe Biscari.
Iglesia de santa Lucía: próxima al monasterio anteriormente mencionado, cuyo interior destaca por su forma elíptica.
Iglesia de san Francisco: situada en la vía Catena. Conserva en su interior un crucifijo realizado por fra. Umile da Petralia en el s. XVII.
La ciudad también cuenta con algunos vestigios de la antigua muralla griega, realizada en el s. IV a.C., así como restos de varias necrópolis fechadas entre los s.s IX y V a.C.
Adriano de Córdoba, pintor español (Córdoba ¿-1630)
Discípulo de Pablo de Céspedes. Se conservan algunas obras suyas, entre otras, una Magdalena, que dice Palomino: "parecía ser del Tiziano", un crucifijo, un Calvario y varias figuras de medio cuerpo, que pintó para un retablo de la sacristía de su convento. Borró muchas de sus obras para evitar que se hicieran elogios de ellas; murió en 1630.
Adriano, Muro de
Antigua muralla romana situada en el norte de Britania, levantada con el fin de proteger el sur romanizado de las invasiones de las tribus hostiles del Norte. Fue mandada construir por el emperador Adriano en el 122 d.C. Se extendía desde el golfo de Solway al oeste, hasta la desembocadura del río Tyne en el este.
Historia
Tras los éxitos de las campañas de Julio Agrícola en Escocia, se había producido un retroceso en la presencia romana en el norte, hecho que se confirmó con la orden de Trajano de retrasar todas las tropas hasta la línea que luego ocuparía la Muralla. El emperador Adriano llegó a Britania en el 122 d.C., en el trascurso de uno de los múltiples viajes que hizo, destinados a conocer la totalidad de su Imperio. A su llegada nombró gobernador a A. Platorio Nepote y, antes de partir, le ordenó la construcción de un muro defensivo, edificación que se encuadraba en la política de reforma del sistema fronterizo romano. En este caso, el limes estaba totalmente constituido por construcciones artificiales debido a la ausencia de fronteras naturales.
La construcción se inició ese mismo año, aunque no estuvo terminada hasta el 136 d.C., casi al final del reinado de Adriano. Toda la estructura defensiva ocupaba una franja de 3 km de ancho, donde la estructura principal la constituía un gran muro de piedra continuado de 130 km de longitud, que iba desde la desembocadura del río Tyne en Newcastle hasta la ciudad de Bowness en el golfo de Solway, acompañado de un entramado de carreteras auxiliares, campamentos adjuntos y torres de vigilancia.
La muralla en sí tenía 3 metros de ancho y cinco metros de altura, e iba precedida de un foso, tras el cual había otro de mayores dimensiones, de 6 metros de anchura en la superficie y 3 metros en el fondo, con una profundidad de 2,5 metros, reforzada por un talud de 6 metros construido con la tierra que se había extraído del foso. En las cercanías de la empalizada se construyeron una serie de pequeños y grandes campamentos, donde se asentaban las diferentes unidades encargadas de la defensa de la Muralla de Adriano. Paralela al muro, por su cara meridional, se construyó una vía que permitía el rápido desplazamiento de tropas de un sector a otro. Las obras se completaban con una serie de defensas en la costa meridional del golfo de Solway, para evitar una posible invasión por mar. Cada cierta distancia se situaron puertas en el muro, defendidas por pequeñas fortificaciones y, entre puerta y puerta, torres de vigilancia con una separación de 500 metros.
Para las labores defensivas se destinaron tres legiones, la II Augusta instalada en Isca (la actual Caerleon), la VI Victrix en Eburacum (York) y la XX Valeria Victrix, que tenía su cuartel general en Deva (Chéster). El muro era el único método efectivo para poder controlar la frontera, para lo cual se calcula que era necesaria la presencia permanente de dos mil hombres. La muralla fue destruida por las invasiones de las tribus del Norte en tres ocasiones (197 d.C., 296 d.C. y 367 d.C.), lo que obligó a su restauración; uno de los que más empeño puso en ello fue el emperador Septimio Severo.
La muralla fue abandonada definitivamente entre los años 383 y 388 d.C., durante el gobierno del usurpador Magno Máximo Clemente. Actualmente se pueden observar grandes sectores de la muralla todavía en pie, lo que la convierte en la mayor construcción romana conservada en Reino Unido.
Adriano, Publio Elio, emperador romano (Itálica 76 – Baia, 138)
Nacido en España, de familia romana, de familia romana, fue adoptado, al quedar huérfano, por el emperador Trajano, a quien sucedió en 117, tomando el nombre de César Trajano Adriano Augusto.
De la importancia de la provincia de Hispania en el mundo romano da fe la existencia de tres emperadores originarios de estas tierras: Trajano, Adriano y Teodosio. Adriano había nacido en la ciudad bética de Itálica, en el seno de una familia romana. Al quedar huérfano, fue adoptado por el emperador Trajano, costumbre muy habitual en la sociedad romana. Cuando Trajano falleció fue sucedido por su hijo adoptivo quien tomó el nombre de César Trajano Adriano Augusto. Quizá para asemejarse al primer Augusto buscó la paz como máximo objetivo por lo que finalizó la larga y sangrienta guerra contra los partos, abandonando el control de Asiria, Mesopotamia y Armenia. La disminución del territorio imperial provocó cierto descontento entre algunos miembros de la clase militar que se conjuraron contra el emperador. La conjura fue descubierta y los participantes castigados. De esta manera veía reforzada su posición y podía poner en marcha su programa. Uno de sus primeros objetivos sería conocer los problemas de los súbditos imperiales por lo que llevó a cabo una amplia serie de viajes por todos los confines del Imperio, haciéndose eco de las necesidades que le eran presentadas. En su cortejo viajaba un numeroso grupo de técnicos que ofrecían posibles soluciones a los problemas planteados. La Galia, Britania -donde levantó una muralla de 117 Km. entre el mar del Norte e Irlanda- y Germania fueron las primeras etapas del viaje, permaneciendo alejado de Roma por un período de dos años. África y Siria serían sus próximos destinos, poniendo fin a este periplo por Oriente en Grecia, el territorio más admirado por Adriano que se reconocía enamorado de todo lo heleno. Será en el año 134 cuando regrese definitivamente a Roma tras diversos viajes por la zona occidental del Imperio. Este momento de paz trajo prosperidad económica al imperio. La paz que vivió Roma en estos años se vio alterada por la sublevación de Judea entre los años 131-134. La revuelta estalló porque Adriano prohibió la circuncisión y pensó fundar un santuario a Júpiter en el lugar del templo de Jerusalén. Tras varios años de sangrientos combates, la rebelión fue sofocada. Adriano también se interesó por las reformas administrativas y económicas. El Senado vio como sus poderes eran entregados al Consejo Imperial, dividiendo en diferentes ramas sus competencias y colocando al frente de cada área a un ministro, dependiente directamente del emperador. El consejo privado del emperador pasó a ser público y la hacienda sufrió importantes reformas. Como la mayoría de los emperadores, Adriano también dejó sus construcciones en la ciudad de Roma. Cerca del Tíber levantó un gigantesco mausoleo que será la base del castell Sant´Angelo. En las cercanías de Tívoli edificó una suntuosa villa que recibe el nombre de Villa Adriana donde recogió las reproducciones de las obras de arte que más le impresionaron durante sus viajes. Los últimos años del emperador fueron un continuo sufrimiento debido a los frecuentes ataques de melancolía, recordando la muerte de su querido Antinoo en el Nilo y el fallecimiento de su hijo adoptivo, Lucio Cejonio Cómodo Vero. Como sucesor eligió a Antonino Pío.
Villa Adriana
En esta Villa Adriano quiso reunir las reproducciones, a escala reducida, de cuantas obras de arte le habían impresionado en el transcurso de sus largos viajes: por ejemplo, el Pecile, inmenso pórtico con magníficos frescos que había admirado en Atenas; el Templo de Canope, así llamado por la ciudad egipcia del mismo nombre, que recordaba las magnificencias del Templo de Serapis, en los alrededores de Alejandría y otros muchos edificios. Aún hoy las ruinas de la Villa, que han sobrevivido al tiempo y a las devastaciones, producen una impresión y un asombro extraordinarios.
La villa fue creada en Tibur (actual Tívoli) como lugar de retiro de Roma por el emperador Adriano en el s. II. Se decía que a Adriano le disgustaba el palacio del monte Palatino de Roma, lo que le llevó a construir este lugar de retiro, donde pasó los últimos años de su vida y desde donde gobernó el imperio. Una gran corte, por lo tanto, vivió allí de manera permanente. Un servicio postal los tenía en comunicación con Roma. Después de Adriano, la villa fue usada por varios de sus sucesores. Durante el declive del Imperio Romano, la villa cayó en desuso y quedó parcialmente en ruinas. En el s. XVI, el cardenal Hipólito II de Este hizo que gran parte de los mármoles y estatuas de la villa se trasladara para decorar su propia residencia (Villa de Este) ubicada en las cercanías. Entre las estatuas que había aquí se citan una copia del Discóbolo de Mirón, las ocho musas de Cristina de Suecia (Museo del Prado) y posiblemente la Diana de Versalles (Museo del Louvre).
Estructura y arquitectura
La Villa Adriana era un complejo de más de 30 edificios en una extensión de al menos un kilómetro cuadrado, gran parte de la cual aún está sin excavar. La villa fue el más grande ejemplo romano de un jardín tipo alejandrino, recreando un paisaje sagrado. La Villa es como una pequeña ciudad con palacios, fuentes, varias termas, bibliotecas, teatro, templos, salas para ceremonias oficiales y habitaciones para los cortesanos, los pretorianos y los esclavos. Reunió distintas construcciones que representan diferentes lugares y monumentos del mundo romano. Por ello muestra ecos de diferentes órdenes arquitectónicos, en su mayor parte griegos y egipcios. Adriano, un emperador que viajó mucho, tomó prestados estos diseños, como las cariátides para el Canopo, junto con las estatuas junto a ellos representando al dios egipcio de la fertilidad, Bes. La biografía de Adriano afirma que las zonas de la villa recibieron su nombre de lugares que el emperador vio durante sus viajes. Sólo unos pocos lugares mencionados en la biografía pueden tener un correlato preciso con las ruinas de la actualidad. Una de las partes de la villa más sorprendentes y mejor conservadas son una piscina y una gruta artificial que recibieron el nombre de Canopus («Canopo») y Serapeum, respectivamente. Canopus era una ciudad egipcia donde había un templo (Serapeum) dedicado al dios Serapis. Sin embargo, la arquitectura tiene influencias griegas (lo cual es típico en la arquitectura romana del Alto y Tardío Imperio) como puede verse en las columnas corintias y las copias de famosas estatuas griegas que rodean la piscina. Del agua emergía un cocodrilo esculpido con todo detalle. Una anécdota involucra al Serapeum y su cúpula en forma peculiar. Un destacado arquitecto de la época, Apolodoro de Damasco, despreció los diseños de Adriano, comparando la cúpula del Serapeum con una «calabaza». La cita íntegra es «Vete y dibuja tus calabazas. No sabes nada de estos asuntos arquitectónicos.» Cuando Adriano se convirtió en emperador, Apolodoro sufrió el exilio y más tarde se ordenó su muerte. Una estructura interesante en la villa es el llamado «Teatro Marítimo». Consiste en un pórtico redondo con una bóveda sostenida por pilares. Dentro del pórtico hay una piscina en forma de anillo con una isla central. En la Antigüedad la isla estaba conectada con el pórtico por dos puentes levadizos. En la isla hay una pequeña villa romana completa, con un atrio, una biblioteca, un triclinium y pequeños baños. Muestra estilo jónico clásico. La zona fue usada probablemente por el emperador como un retiro de la atareada vida cortesana. Los edificios más importantes son: La Piazza d`Oro, grandioso peristilo. El Pecicle es una reconstrucción de la Stoà poikìle o Stoa pecile (pórtico pintado) que era el centro político y cultural de la ciudad de Atenas, por la que se paseaban los Estoicismo" estoicos que de ella tomaron su nombre, la predilecta de Adriano durante sus numerosos viajes. Edificio con tres Exedras. El teatro griego. Las Termas Pequeñas, destinadas a las mujeres Las Termas Grandes, destinadas a los hombres Templete circular de Venus. Los cien cuartitos, destinados al personal de servicio. En 1998 los restos de la monumental tumba de Antínoo, o un templo a su memoria, fueron descubiertos en la Villa.
En ella reunió, según la Historia Augusta, los recuerdos de ciudades y paisajes que le habían impresionado vivamente en sus viajes por el mundo, la Stoa poikile de Atenas, el Valle del Tempe, en Tesalia, por ejemplo. El único de éstos que hoy se puede identificar con absoluta certeza es el Cánopo, un lugar residencial próximo a Alejandría y unido a ella por un canal, o euripo, de 22 kilómetros de largo, orlado de suntuosas mansiones.
Más que un palacio como el de Versalles, con el que se la ha querido comparar, Villa Adriana es un conjunto de edificios independientes y de ejes divergentes, situados en una pendiente llana, con un desnivel de algo más de 50 metros de uno a otro extremo. Entre ellos se intercalan pórticos, palestras, palacetes, teatros, bibliotecas, piscinas, jardines y demás ingredientes de las villas señoriales. Dada la circunstancia -escribe Aurigemma- de que Adriano fue un arquitecto de altos vuelos, y así lo consideran algunos como verdadero creador de una escuela, la villa fue para él, con suma probabilidad, el lugar en que dio rienda suelta a su estro arquitectónico. Su fecundidad y su audacia se manifiestan sobre todo en la multiplicidad de plantas, alzados y, sobre todo, bóvedas (de cañón, de arista, de lunetos, cúpulas, etc.) que se encuentran en la villa. El hecho de que en Borromini, el arquitecto más valiente del barroco romano, se aprecie clara la huella de la villa de Tívoli revela desde cuándo y hasta dónde se ha hecho sentir su influencia. En ella encontró la Italia de la era moderna una fuente de sugerencias y una cantera de materiales arqueológicos (entre ellos unas 1.500 estatuas).
El emperador hizo entrar en juego todas las posibilidades de la arquitectura de su tiempo, todo lo que se había hecho no sólo en palacios y villas, sino muy especialmente en termas, donde las bóvedas tenían su gran terreno de aplicación. El puro afán de construir debió de ser para Adriano una verdadera obsesión. La bóveda de lunetos rampantes del llamado Serapeum -en realidad un inmenso triclinio en gruta, animado por fantásticos juegos de agua- parece el sueño de un demente. Pero donde estaba la mayor originalidad de esta residencia era en las plantas de algunos edificios, movidas, llenas de entrantes y salientes, de cuerpos radiales, de exedras, de nichos, que a la hora de cubrirlos imponían soluciones difíciles y sorprendentes. El llamado Teatro Marítimo en el extremo nordeste, un palacio en miniatura con todos sus elementos, para uso personalísimo del dueño de la casa; la Piazza d'Oro, así llamada porque los hallazgos realizados en ella hicieron creer a Pirro Ligorio y demás buscadores renacentistas que se encontraban en una mina; la llamada por Kähler coenatio, un comedor que parece inspirado en la coenatio lovis de la Domus Flavia, exagerando la nota. En todos estos edificios predominan las plantas centradas que habrán de alcanzar tanto desarrollo en la arquitectura del s. IV.
El nombre propio Euripos designaba al estrecho que separa la isla de Eubea de la Grecia continental, pero con el tiempo se aplicó a todos los estrechos y canales; también, desde el Renacimiento, al largo estanque situado delante del llamado Serapeo de Villa Adriana. En los años 1950-55 se practicaron en él unas excavaciones que si no reconstruirlo (cuatro s.s de excavaciones de saqueo lo impedían), han permitido recuperar algunos elementos arquitectónicos de su encuadre de columnas, arquitrabes y arcos y, sobre todo, escultóricos. Gracias a éstos sabemos hoy algo más del uso que los romanos hacían de las copias y variaciones de estatuas griegas y de cómo las instalaban según su criterio -no el de los griegos- en relación estrecha con el paisaje.
Por lo pronto parece que era de rigor tratar los temas por pares y buscando la simetría bilateral: cuatro copias de dos Cariátides de las seis del pórtico sur del Erechtheion, y precisamente dos de la que estaba a la izquierda en la pareja central (hoy en el Museo Británico), y otras dos de la que está a la derecha. Obsérvese esto: todas las demás copias que hoy conocemos de las Cariátides repiten también estos mismos modelos, señal de que los copistas disponían únicamente de los vaciados de las dos centrales.
Las cuatro Cariátides, con sus pedestales y capiteles, sostenían, con dos silenos canéforos, parte de la columnata del euripo en el lado oeste del mismo, pero no cumplían la función de guardianes de la tumba de Cecrops como en Atenas, sino otra desconocida para nosotros. Las copias son muy exactas; el escultor se esmeró en copiar, por el procedimiento del sacado de puntos, los rasgos y los pliegues uno a uno; pero hizo una reproducción mecánica, sin un soplo siquiera de la vida que tienen el cuerpo y el vestido de los originales, toda una lección de lo infieles que pueden ser las copias aun sin tomarse libertades como las de Aristeas y Papías.
En la curva del extremo norte del euripo, dos variantes de un atleta desnudo de mediados del s. V, convertida una de ellas en un Mercurio, como indica la parte superior de un caduceo adherida al brazo derecho, y la otra en un Marte muy apuesto, de casco corintio, con pintoresco penacho romano, y en su mano izquierda el borde de un escudo redondo muy del gusto de la época.
La segunda pareja la forman dos de las cuatro Amazonas del famoso concurso de Efeso, una copia acéfala, pero de excelente calidad, de la Amazona de Fidias, y otra de la de Crésilas. Aquí el copista procedió con mayor libertad, pues por acortar la diferencia con la anterior suprimió el pilarcillo en que Crésilas había apoyado el brazo izquierdo de su Amazona.
El tercer pendant lo forman las estatuas acostadas del Nilo (apoyado en la esfinge) y del Tíber (acodado sobre la loba y los gemelos), versiones muy libres del mismo original que el coloso del Nilo y sus afluentes, del Vaticano.
Se ha podido comprobar que estas estatuas se encontraban, como hoy sus vaciados en cemento, en los intercolumnios de la columnata puramente decorativa que rodea este extremo curvo del euripo, en cuyo entablamento alternaban los tramos curvos horizontales con los arqueados. Los plintos son iguales y las bazas molduradas tienen los perfiles típicos de la época de Adriano y de los Antoninos. Detrás de la decoración había, pues, un programa, en el que a las estatuas les correspondía despertar ciertas asociaciones de ideas. La de los dos ríos parece clara: el Nilo, Egipto; su amistad con Italia; la comunidad del culto de Isis, tan arraigado en Roma. Los pedestales de las amazonas sobresalen del borde como suspendidas sobre el agua. La evocación deseada aquí sería la de la belleza del arte clásico a través de estas dos celebérrimas obras maestras. La del Mercurio y el Marte, dependientes de un mismo prototipo, habría que buscarla en un contexto mitológico. Pero había y hay más: de la superficie del agua sobresalían pedestales de estatuas: una de ellas, la de Escila, apareció hace tiempo; la otra, un cocodrilo, copiado rigurosamente del natural, mirando de cerca, como lo haría en un islote del Nilo, a quien recorría en barca las aguas del embalse; mientras, Escila le hacía sentir al viajero el escalofrío que la visión del monstruo provocó en el ocurrente Ulises.
Tras un minucioso estudio de lo aquí expuesto, llega Zanker a esta conclusión: la peculiaridad del gusto, acreditada desde el s. I a. de J.C, de incrementar el disfrute de la naturaleza mediante obras de arte, y de las obras de arte mediante la percepción de la naturaleza, está llevada aquí al límite de la agudeza. Ante tamaña exageración uno se siente tentado a hablar de la desertización tópica del mundo figurativo de los clásicos.
Adsuara Ramos, Juan Bautista, escultor español (Castellón de la plana, 1891-1973)
Fue uno de los artistas que se encuentran dentro de la corriente de renovación castellana que postulaba el realismo en las obras. Su formación se llevó a cabo en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid, pensionado por la Diputación de Castellón; allí desarrolló también labores docentes desde la cátedra (que obtuvo en 1932), y fue director entre los años 1958 a 1963. En 1916 se estableció definitivamente en Madrid; tras trabajar en talleres de imaginería religiosa y participar en exposiciones colectivas y concursos nacionales en los que obtuvo repetidos premios, viajó por Italia y por Francia, y en 1923 consiguió el Primer Premio de la Bienal de Venecia. Al año siguiente fue Primera medalla en la Nacional de Bellas Artes. En 1925, participó en la "I Exposición de Artistas Ibéricos" y en 1929 ganó el Concurso Nacional de Escultura con las obras El arte y La ciencia, de claras influencias neocubistas, que hoy adorna la fachada del Ministerio de Educación y Ciencia. En 1934 volvió a la Bienal de Venecia y a la Exposición de Artistas Ibéricos.
Durante los años que precedieron a la guerra se reveló como un buen escultor, modelador y tallista, especialmente en madera, y así participó con una obra fresca y original en la renovación de la escultura castellana a la búsqueda de un nuevo realismo, con fuerte influencia de la línea marcada por Antonio Macho. Sin embargo, su formación, caracterizada por un fuerte academicismo -San Fernando y la influencia barroca religiosa-, del que no puedo desprenderse nunca, pesó mucho en él a la hora de realizar sus propias obras, de tal forma que se quedó sólo en lo externo, sin llegar a entender del todo la renovación propuesta.
La Guerra Civil fue determinante en su vida; volvió a su ciudad natal y, republicano convencido, trabajó en Castellón como miembro delegado de la Junta para la Conservación de Obras de Arte a las órdenes de Azaña, del que había hecho una escultura. En la postguerra fue restituido en su cátedra tras un expediente de depuración y continuó trabajando, aunque ya sin su personalidad anterior, sobre todo en encargos oficiales, tales como la reconstrucción de la Ciudad Universitaria, que no llegó a realizarse, y la decoración de la Iglesia del Espíritu Santo.
Durante la época anterior a la guerra realizó las que la crítica considera sus mejores obras, figuras femeninas de marcados volúmenes realizadas en madera, en la más pura línea de la tradición imaginera española, con fuertes influencias mediterráneas, tales como Maternidad (1927) en nogal, o la Mujer del cántaro (1934), esculpida en caoba.
No presentó ninguna exposición individual en vida. (1974) Antológica. Sala de la Dirección General de Bellas Artes, Madrid.
En cuanto a las exposiciones colectivas se puede citar (1912) Exposición Nacional de Bellas Artes, Madrid (Tercera medalla). (1920) Exposición Nacional de Bellas Artes, Madrid. (1921) Salón de Otoño, Madrid. (1923) XVI Bienal de Venecia. (1924) Exposición Nacional de Bellas Artes, Madrid. (1925) I Exposición de Artistas Ibéricos, Madrid. (1927) Exposición de La Haya, Holanda. (1929) Exposición Internacional de Barcelona. Círculo de Bellas Artes, Madrid. (1934) XIX Bienal de Venecia. (1950) Bienal de Venecia.
Adzaneta o Atzeneta del Maestrat
Municipio de España, en la Comunidad Autónoma Valenciana, provincia de Castellón, situado a 45 km al NO de la capital, en un valle, a 401 m sobre el nivel del mar, en la comarca del Alt Maestrat. Delimita al N con los términos municipales de Vistabella, Benafigos y Culla; al E con los de Culla y Les Useres; al S con los de Llucena y Les Useres; y al O con los de Llucena, Xodos y Vistabella.
Arte
Atzeneta conserva en algunos tramos de su trazado urbano un importante patrimonio medieval y renacentista, especialmente destacable en la Torre de la Presó o los restos de los antiguos lienzos de murallas.
Monumentos religiosos
Ermita de San Juan del Castillo: edificio de interés arquitectónico que data del año 1516. A destacar el retablo del s. XV.
Ermita de Loreto: edificio de interés arquitectónico que data del año 1602.
Ermita San Gregorio: edificio de interés arquitectónico que data del año 1723.
Ermita de San Roque: edificio de interés arquitectónico que data del año 1775.
Iglesia Parroquial: de estilo renacentista del s. XVII con su grandioso retablo barroco de 1744. La imagen del Cristo de la Piedad, obra de Juan Muñoz o alguno de los formados al lado de Gregorio Sánchez del s. XVII. La imagen de la Virgen de Belén del s. XIV. Un tríptico de los llamados de Artesa y lienzos de la escuela valenciana, así como vasos sagrados de los s.s XV y XVI.
Monumentos civiles
Castillo de Adzaneta: sólo quedan restos de la muralla y un torreón de origen árabe.
La Torre de la Presó: situada en la calle de Sant Bartomeu, forma parte de las antiguas murallas medievales que protegían a la población. Se trata de una torre de planta cuadrada, con ventanas y gruesas rejas de hierro. La torre fue utilizada como prisión de la villa desde el 1853 hasta los años 60 del s. XX. Actualmente, se ha restaurado completamente y acondicionado para convertirse en el ‘Centro de Interpretación de la Historia de Atzeneta del Maestrat’.
Las murallas medievales: se encuentran en la calle de la Orden de Montesa, en buen estado de conservación. Formaban parte de la muralla que rodeó la villa desde el s.XIII hasta finales del s.XVIII. Se observa el uso de almenas que permitían la defensa de la población.
Ayuntamiento: es un histórico edificio, hoy reconstruido, que fue antiguamente hospital y Palacio del Comendador de la Setena de Culla durante el s.XVI. Presenta un bello patio interior y un ventanal de estilo gótico. Actualmente la primera planta está ocupada por las oficinas del Ayuntamiento, mientras que en la planta baja se encuentra el Local de la Tercera Edad y el salón de actos de la Casa de la Cultura. En la segunda planta se encuentra la sala de exposiciones, la biblioteca, la sala de informática i diversos despachos municipales.
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